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( Miquel Ramis)
En el Egipto arcaico alcanzó un notable desarrollo
la obtención de colorantes minerales y vegetales,
de colas, ceras y barnices. Ello se refleja en un bajorrelieve
del Imperio Nuevo procedente del templo de Kalabsa,
en la frontera meridional del Alto Egipto, cuyos colores
se han conservado durante más de tres mil años.
El análisis químico ha demostrado que
el rojo se obtuvo con limonita arcillosa quemada, el
amarillo con ocre terroso compuesto por óxidos
de hierro hidratados, el azul a partir de óxido
de cobre y el verde, mezclando el amarillo y el azul.
El fresco consiste en pintar con pigmentos minerales
sobre una pared recien estucada con mortero de cal.
La cualidad más sobresaliente del mortero de
cal arena+cal) es que endurece lentamente, a medida
que el oxígeno del aire carbonata la cal, petrificandola.
Por este motivo, el pigmento queda tambien integrado
dentro de esta "piedra" recien formada, y
no siendo, como en el resto de técnicas de pintura,
simplemente una capa superficial adherida a la superficie.
Para la aplicación del fresco, primeramente
hay que dominar por tanto, la del estucado, que consiste
en la aplicación de varias capas, de granulometría
decreciente, hasta llegar a la más fina, que
será sobre la que se dibujará el fresco.
| La primera capa, llamada capa
de fondo, trullisatio (1), está destinada
a regularizar el muro (M). La proporción
de arena-cal será de 3:1, esto es, tres
partes de arena gruesa y una de cal. Se le puede
añadir puzolana, obtenida dela trituración
de ladrillos cocidos o tejas. A veces también
se le añadía paja, a modo de malla
para reducir la posibilidad de grietas.
La segunda capa, llamada arriccio (2),
tiene generalmente dos partes de arena fina por
una de cal, y la arena puede ser sustituída
o mezclada con marmolina, polvo de mármol,
si esta no es lo suficientemente blanca.
La tercera capa, el intonaco, (3)se
realiza en una proporción marmolina-cal
de 1:1 , con lo que conseguimos una superficie
blanca y tersa. Como tratamiento final podemos
dar una mano de cal pura, que proporciona más
luminosidad al conjunto del fresco: el albarium.
Solo entonces podemos marcar con un punzón
para marcar los contornos del dibujo ( sinopia)
y pintar el fresco con los colores (4)
Una vez terminado, al carbonatarse, el conjunto
queda protegido por una costra vidriosa que protege
y fija definitivamente los pigmentos.(4)
Es interesante destacar que algunas veces, el
artista utiliza igualmente un fondo rugoso, si
con ello obtiene el efecto deseado.
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El principal problema de los frescos es que solo se
puede pintar la superficie que acabamos de preparar
el dia anterior, esto es, debemos pintar en el día
para seguir preparando los estucados y por tanto las
líneas de unión entre las diferentes jornadas
de trabajo pueden representar un problema, que era resuelto
por los romanos habitualmente con la división
geométrica de las paredes en paneles rectangulares
y cuadrados, cuyos bordes, generalmente de colores oscuros,
ocultaban los empalmes. El trabajo realizado durante
un día era conocido como jornada.
Ya que el fresco debe secar un día antes de
pintar, primeramente hay que rascar la piel carbonatada
y aplicar el albarium.
Grosores: los frescos pompeyanos tienen grosores de
3 pulgadas. Este gran espesor permite a los pintores
pintar durante 2 semanas, pues tarda muchísimo
en secar.
La técnica de trabajo consiste en la aplicación
sobre el muro de un papel con las trazas generales del
fresco, taladradas previamente con una rueda dentada
sobre la que se espolvoréa con una muñeca
de tela con negro de humo (cisquero) , es decir, utilizando
la técnica del estarcido. Tambien se puede ir
marcando con un punzón sobre el papel, dejando
un surco contínuo sobre la superficie blanda.
Los pigmentos tienen que ser resistente a los alcális,
por lo que hay que deshechar los de origen orgánico
y tambien los que contengan yeso.
Normalmente son oxidos de hierro, tierras naturales
de procedencia diversa (sombra natural, negro de humo,
siena natural...) o bien alteradas mediante su paso
por el horno ( sombra tostada, siena tostada...) incluso
piedras molidas ( azúl de lapislázuli,
verde de malaquita...) diluídos en agua de cal,
rica en iones, que facilitará su carbonatación.
El principal enemigo del fresco es la humedad por capilaridad,
que modifica los colores, por lo que a veces es necesario
trasladar el fresco a un lugar más seguro, arrancando
el enlucido (stacco) o solamente la parte que
contiene los pigmentos (strappo)
La lista de frescos arranca con el arte funerario de
Egipto, que gracias a su clima seco ha permitido la
conservación de estucos de más de 3.000
años, y los del palacio del rey Knossos, en Creta.
Pasamos luego a los frescos romanos, de los que tenemos
muestras prácticamente intactas, como los de
la casa de los misterios en Pompeya, conservados milagrosamente
durante 2000 años tras la ceniza volcánica
del vesubio. En el otro lado del mundo, en la america
precolombina los mayas son grandes expertos en la técnica
del fresco, con fragmentos que han sobrevivido a pesar
del clima húmedo subtropical del yucatan.
En el románico el fresco es imprescindible para
cubrir el intradós de las bóvedas , iglesias
y palacios, como se puede ver en el sur de francia y
en el camino de santiago, con diseños de gran
riqueza imaginativa, seres fantásticos y motivos
vegetales y animales. Durante el periodo gótico
se sigue utilizando como se puede ver en el palacio
de los reyes de Mallorca en Permignan por ejemplo, conmotivos
geométricos que imitan vitrales y diseños
arquitectónicos, mientras se continúa
la tradición antígua de estucar y pintar
las estátuas y esculturas de piedra.
Finalmente, con la llegada del renacimiento, el fresco
recibe un nuevo impulso con Giotto, precursor y maestro
de Ghirlandao, Masaccio, Rafael y Miguel Angel. Otros
artistas tienen un lugar en la técnica, como
Pozzo, Cortona o Caracci ( Barroco), y posteriores al
siglo XVII como Tiépolo, Giquinto, Luca Giordano
o el españoles Francisco Bayeu y el pintor Goya.
Frescos II: Los colores
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