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Pinturas murales en los conventos novohispanos
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( Extracto del trabajo de Conchi sarmiento vázquez. e-mail: cariatide02@yahoo.es. en www.monografias.com)

EL CONVENTO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL DE IXMIQUILPÁN.-

(Estado de puebla, México).

En 1550 los conventos agustinos de Actopan e Ixmiquilpan fueron fundados, iniciándose la construcción de los conjuntos conventuales definitivos. El responsable de la construcción de ambos monumentos fue fray Andrés de Mata. Un análisis cuidadoso de ambos monumentos revela que Mata y sus colaboradores se inspiraron en el tratado de arquitectura de Sebastián Serlio, profusamente ilustrado con xilografías.

El fechamiento de las pinturas murales de la iglesia de San Miguel Arcángel en Ixmiquilpan puede abordarse de diferentes maneras. Considerando que el conjunto conventual fue iniciado hacia 1550, y dejando cinco años como lapso mínimo para su construcción, las pinturas murales (obviamente uno de los últimos elementos arquitectónicos en ejecutarse) deben ser de hacia 1555 o después. Consideraciones estilísticas, atendiendo a los aspectos formales y al contenido del friso inferior de este templo, sugieren fuertemente que fueron pintados antes de finalizar el siglo XVI. Hasta aquí, tenemos un rango aproximado de hacia 1555-1600. Otra consideración necesaria es que existen murales, que presentan una gran similitud formal y técnica con los de Ixmiquilpan, en otros conventos del siglo XVI en el estado de Hidalgo. Hay fechas integradas en dos de estas pinturas. En el convento de San Mateo en Alfajayucan, a pocos kilómetros de Ixmiquilpan, una banda vertical con grutescos, en el corredor septentrional de la planta baja del claustro, lleva claramente el año de 1576. En el convento de los Santos Reyes en Metztitlán, en plena sierra Madre oriental, una pintura de Cristo crucificado lleva la fecha de noviembre de 1577. Es probable que los murales de Ixmiquilpan son aproximadamente contemporáneos con éstos, por su gran similitud estilística. De esta manera se puede afirmar, con pocas reservas, que los murales de Ixmiquilpan fueron ejecutados durante la Guerra Chichimeca, la cual duró desde 1550 hasta 1590.

Aspectos formales

Las pinturas murales del templo de San Miguel Arcángel en Ixmiquilpan se encuentran en diferentes partes de su interior. Hay un friso mural de 2.21-2.51 metros de altura, en los dos lados de la nave, desde la entrada hasta el presbiterio, a la altura de los ojos del espectador . Este friso es interrumpido por los vanos que dan acceso a las capillas laterales y por varios retablos de estilo neoclásico, empotrados en los muros siglos después de la ejecución de las pinturas. También llevan pinturas murales los dos enormes tímpanos, frente a frente, que ocupan el espacio entre el friso mencionado y la bóveda del sotocoro . Hay otro friso, de más o menos las mismas medidas que el primero, en la parte superior de las paredes, a la altura del arranque de las bóvedas. Otras pinturas cubren el intradós de la bóveda de cañón sobre el coro y la nave, así como los plementos de las bóvedas de nervaduras que cubren el sotocoro y el presbiterio. También hay pinturas en los muros y bóvedas de dos capillas laterales. Las pinturas murales más interesantes, por su contenido, son las del friso inferior, los tímpanos en el sotocoro y las bóvedas de nervaduras.

El estilo de los murales es híbrido, europeo-indígena. Se combinan motivos de los grutescos renacentistas (neogrecorromanos) con el lenguaje simbólico prehispánico del Altiplano Central. Los motivos europeos más notables son los enormes rollos fitomorfos que dan ritmo y continuidad al friso. En los plementos de las bóvedas de nervaduras también hay grutescos que combinan motivos antropomorfos, zoomorfos, fitomorfos y arquitectónicos. En cuanto a las figuras humanas, éstas comparten algunos rasgos con la tradición pictórica indígena, pero con notables influencias renacentistas, en las proporciones, el sombreado ocasional para dar la ilusión de volumen y algunas caras representadas con vistas de tres cuartos, una convención pictórica escasa en el arte prehispánico de Mesoamérica.

La línea juega un papel importante en estos murales. Contornos negros definen las figuras. En algunas zonas, la línea se usa para crear texturas, como la simulación del tejido de cañas en los escudos y las escamas de algunos de los monstruos grutescos. Por otra parte, la estructura compositiva de las pinturas es definida por líneas. La simetría bilateral se usa con eficacia para equilibrar las composiciones, pero usualmente no es absoluta. Las diferencias sutiles entre las dos mitades de un diseño simétrico prestan dinamismo a los murales. Esta simetría se debe al uso de cartones para aplicar los dibujos preliminares a los muros. Invirtiendo los cartones entre una aplicación y otra, se obtienen diseños simétricos. En cuanto al friso inferior en los muros de la nave del templo, es evidente que se usó un cartón para el lado septentrional del friso inferior y otro para el lado meridional.

El espacio en estas pinturas se define, sobre todo, mediante la línea. Este espacio es esencialmente bidimensional; las figuras parecen habitar la superficie de la pared, sin que haya ilusiones de planos más profundos. Tampoco hay formas que parecen proyectarse más allá de la superficie pictórica. Sólo la superposición, en algunas partes, crea la ilusión de planos encima de planos, dentro de un espacio poco profundo.

La herencia estilística prehispánica se puede apreciar en la perspectiva "cubista", de puntos de vista múltiples, para dar una visión clara y sin ambigüedades de la mayor parte de las figuras, evitándose por lo general el escorzo. En varios casos se combinan vistas frontales y de perfil en una sola figura. Las excepciones a esta concepción de la perspectiva (las caras vistas de tres cuartos y los pies en escorzo) demuestran que los pintores indígenas habían tenido contacto con el arte europeo.

El color se usa de una manera esencialmente plana, rellenando las áreas definidas por los contornos negros. En varias figuras hay un modelado tímido que da la ilusión de formas volumétricas con superficies curvas. El color ayuda a distinguir entre figuras y fondo, aprovechando los contrastes cromáticos. Estos contrastes crean una sensación de profundidad, aunque la ilusión no es tan marcada como para interrumpir la percepción de la realidad bidimensional de la superficie de la pared.

Los colores más utilizados en el friso inferior son un anaranjado tierra de alta saturación para fondos y un azul que es casi el complemento exacto del anaranjado, también de alta saturación, aplicado sobre todo a los rollos de acanto. La tensión cromática, lograda con la yuxtaposición de estos colores complementarios, realza el drama del combate representado entre los tallos grutescos. Otros colores empleados son café, rojo óxido, amarillo ocre, rojo anaranjado de baja saturación para la piel de los guerreros, verde, negro, blanco y gris. A veces el color tiene un papel simbólico, para reforzar la comunicación visual de los artistas hacia los espectadores (por ejemplo cuando se usa el azul para el agua, o el anaranjado y el negro para la piel de jaguar).

Técnica

 

Tradicionalmente, muchos historiadores del arte han llamado "fresco" a cualquier pintura mural, de manera indiscriminada. Una inspección visual de los murales de Ixmiquilpan revela que éstos no fueron ejecutados con la técnica del verdadero fresco (buon fresco en italiano), porque hay zonas donde la capa pictórica se ha desprendido de la superficie de cal pulida. Los verdaderos frescos se ejecutan con pigmentos y agua, sin ningún aglutinante, sobre un aplanado de mortero de cal recién aplicado, mientras éste se fragua. Los pigmentos penetran en la superficie de la pared, quedando integrados en la estructura cristalina que resulta del proceso de transformación de la cal hidratada (Ca[OH]2) en carbonato de calcio (CaCO3). En una pintura al fresco, no se puede separar la pintura de la superficie del muro, porque la pintura es parte de esa superficie.

Los murales de Ixmiquilpan fueron ejecutados usando la técnica de pintura al temple (a veces llamado fresco secco en italiano, de ahí viene la mencionada confusión terminológica). En esta técnica, los pigmentos son fijados en la superficie seca, totalmente fraguada, del muro, utilizando algún aglutinante. En Europa se usaba la yema de huevo y varios tipos de colas para este propósito. Es posible que los pintores indígenas de Ixmiquilpan hayan empleado alguna técnica mesoamericana. Algunos agentes aglutinantes usados antes de la Conquista eran la baba de nopal, otra sustancia derivada de las orquídeas, la goma del mezquite y el aceite de chía.

La observación visual de estas pinturas permite una reconstrucción tentativa del proceso empleado para su ejecución. Sobre una superficie de estuco blanco, previamente pulida, el diseño inicial fue aplicado usando cartones. (El uso de los cartones parece ser una técnica de origen europeo.) Los contornos fueron delineados con pintura negra diluida, con la cual se introducían cambios, con cierta libertad y creatividad. Luego se aplicaron los colores. Finalmente los contornos fueron repasados con líneas negras más oscuras.

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