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(Historia narrada por Vitrubio en Los 10 libros
de la Arquitectura. Adaptación libre y notas
por Miquel Ramis)
Una doncella de Corinto, apeñas núbil,
enfermó y murió. Su afligida nodriza,
que la amaba profundamente, depositó en un canastillo
sobre su tumba algunos objetos que fueron de su agrado
en vida y tapó la cesta con un ladrillo (1),
para evitar que la lluvia, el viento o los animales
pudieran tumbar o revolver su contenido.
Sucedíó que bajo el canastillo germinó
una semilla de Acanto. Con el tiempo, fué creciendo
hasta que sus hojas se toparon con el ladrillo, lo que
obligó a las hojas a curvarse. Un día
pasó por ahì el escultor Calímaco
( Calimachus) ,conocido por el sobrenombre de Catatechnos
( primer artífice) por la delicadeza con que
tallaba el mármol,que andaba buscando inspiración
para un encargo de columnas que le había hecho
la ciudad de Corinto. Fascinado ante la belleza de esta
nueva forma, la incorporó en nuevos capiteles.
El disedño fué muy del agrado de los coríntios,
que empesaron a incorporarlo a sus capiteles. De esta
manera, el nuevo capitel pasó a ser conocido
como capitel coríntio.

Notas:
(1) cap I Libro IV. Editorial Iberia. Barcelona
2.000.Traducción de Agustín Blánquez.
(2) Los romanos fabricaban diversos tipos de ladrillos,
el más grande de ellos semejante a una baldosa
( los sesquipedales: 45 x 45cm), un modelo que tomaron
de los griegos. Es de suponer que el ladrillo de la
leyenda fuera un tipo de adobe griego llamado pentadorom,
o tetradorom, de 5 y 4 palmos de lado respectivamente
, lo que hace más comprensible el que las hojas
de acanto encontraran un techo al crecer, viendose obligadas
a doblarse hacia abajo.
Planta y Alzado de Hoja
de Acanto
Plantilla de Hoja de Acanto
Ver acanto II: ver diseños
Ver : origen de los órdenes clásicos
Ver ladrillo romano
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