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( Miquel Ramis)


( De la Web " El Correo del Restaurador"".LA FÁBRICA Y CONSERVACIÓN DE LA CASA DE DIOS, DE ACUERDO CON ALGUNOS ESCRITORES CRISTIANOS. Yolanda Santaella López )

 

Y después de seleccionar en todo lugar y de todas partes las piedras vivas, sólidas y bien firmes de las almas, con todas ellas va construyendo la grande y regia casa, radiante y llena de luz, por fuera y por dentro ...

Eusebio de Cesárea Historia Eclesiástica HEX 4,65

P ara esta exposición he recurrido al uso de citas de escritores religiosos; quienes mediante un lenguaje espiritual y sugerente, nos ilustran acerca del simbolismo de la construcción de la casa de Dios. A todo ello agrego una idea de la Maestra Elena Isabel Estrada de Gerlero, en su nota preliminar a la obra de San Carlos Borromeo, Instrucciones de la Fábrica y del Ajuar Eclesiásticos, donde dice: la consulta de estas obras en forma racional y consciente, evitará en cierta medida, destrucciones irreversibles y reconstrucciones caprichosas. (Estrada: 1985)

Los frailes constructores en la Nueva España del siglo XVI, levantaron sus edificios conventuales, con abundante mano de obra indígena, que era buena conocedora de las materiales constructivos comunes como son los diferentes tipos de piedras, lodo, etc, usados generalmente en los núcleos de las pirámides, (a base de piedra y lodo). También trabajaron los morteros de cal-arena para unir piedra, hacer aplanados o revoques como se les nombraba en la Colonia. Así como los abundantes estucos que han llegado hasta nuestros días y en cuya composición hay más cal que arena. Sobre esto, Torquemada nos dice:

Todos aquellos templos y salas, y todas sus paredes que los cercaban, estaban muy bien encalados, blancos y bruñidos, que verlos de cerca o lejos causaban gran contento mirarlos, los patios y suelos eran teñidos de almagre bruñido y incorporado con la misma cal, y tan limpios y lucidos estaban, que no parecía que manos de hombres lo hubiesen hecho, ni que pies humanos los pisasen. (Torquemada: 1976;cap IX, 213).

Otro material constructivo importante es la madera, de la cual Sahagún, dice sobre los leñadores, que la cortaban con hacha, vendían morillos, postes, pilares de madera, tablas, tejamaniles y tablazones, (Sahagún: 1977; 145). También se sabe que "...había canteros o pedreros, maestros que no sabían "inmetria" [Geometria], pero sí hacen casa; labraban muchos edificios de cal y piedra, antes que vinieran los españoles y después de llegados los españoles canteros, labraban todas las cosas que veían labrar como arcos redondos, esca[r]zanos y terciados, portadas, ventanas de mucha obra". (Motolinia: 1971; 242).

Conocían ampliamente los colores (pigmentos y colorantes), su preparación y aplicación. Estas actividades las vemos ilustradas en el Códice Florentino. Hay presencia de estos colores en murales, códices, cerámica, esculturas, etc. Acerca de sus herramientas, se conservan ejemplares en algunos museos. Así, por ejemplo: plomadas, talladores, pulidores de piedra, bruñidores, llanas de piedra y morteros, que son cajetes cerámicos o de piedra, aún con restos de pigmento.

Este acervo tecnológico posiblemente no correspondía a un conocimiento muy difundido entre la población indígena del actual territorio nacional; pero en las regiones donde sí lo era, se aprovechó para llevar a cabo la enorme tarea de la construcción monástica.

El arquitecto Carlos Chanfón en su material didáctico sobre la historia de la arquitectura del siglo XVI, comenta sobre la preparación de los monjes, que escribían acerca de la arquitectura, proyectaban edificios y dirigían su construcción. La existencia de tratados de arquitectura, facilitó la preparación de los eruditos, y el trivium et cuatrivium medievales, cambió su programa para incluir en la geometría, los aspectos prácticos aplicados a la construcción.

El mismo autor agrega que Diego Sagredo, tratadista inspirado en Vitruvio y Alberti, da a conocer su escrito Medidas del Romano, en 1526,en donde es posible apreciar las ideas vigentes del erudito arquitecto.

En este sentido, vemos cómo el indígena funcionó como artesano ejecutor de un proyecto elaborado y supervisado por el monje erudito o maestro constructor de distintos antecedentes profesionales. Había, pues, pocos especialistas de alto nivel, pero una numerosa mano de obra no especializada. En cuanto a la organización del trabajo se aprovechó la estructura prehispánica sobreviviente, fundamentada en la jerarquía indígena (Chanfón: 1978).

Seguramente se construyó mucho, Motolinía cita la cifra de 500 iglesias, y dice que los indios si tuvieran libertad de edificar, habría más iglesias, es gente que todos trabajan..."ellos allegan la piedra a cuestas, ellos hacen la cal, los adobes y ladrillos, ellos se hacen las paredes, ellos acarrean las vigas y traen la tabla, ellos labran la madera, albañiles y encaladores y canteros entre ellos hay quien las atavía y las pone en perfección...". (Motolinia: 1971; 202).

Así se procedía a levantar las fábricas conventuales, empezando por localizar el sitio como se menciona en la Biblia, --sobre un monte, en un sitio elevado--,"está fundada sobre los santos montes. El edificio se debe orientar que la cabecera mire hacia el oriente, a la salida del sol en el equinoccio porque la iglesia que milita en la tierra debe actuar con moderación tanto en la prosperidad como en situaciones adversas".

La iglesia material en que se congrega el pueblo para alabar a Dios, representa la santa iglesia que se construye en el cielo a base de piedras vivas. Esta es la casa del Señor sólidamente edificada, cuyo fundamento es Cristo, su piedra angular, sobre este fundamento se ha colocado el de los Apóstoles y Profetas.

Iniciaban con el trazado de la obra. Esto es, marcar sobre el terreno las medidas proyectadas; luego se procede a poner los cimientos que daban soporte estructural al edificio. Para San Gregorio, "...el cimiento soporta las piedras y no es soportado por las piedras; nuestro redentor, pues, soporta todos nuestros males, pero en Él, no hay mal alguno que debiera ser tolerado (San Gregorio; 397).

El obispo o un sacerdote rocía el lugar con agua bendita, para ahuyentar las visiones diabólicas; en la primera piedra se habrá grabado una cruz (Durandus: 1966; 3).

La cimentación se hace a base de mampostería, en esta forma la piedra por sus dimensiones es colocada a mano, unida con mortero de lodo con cal, como los prehispánicos. El mortero es una mezcla de diversas sustancias cementantes --cal, lodo- y de cargas---arena, grava, pedazos de piedra, ladrillo-- (Terán: 1988; 83). Las piedras serían las almas de los fieles, a la manera de piedras vivas edificadas, como una casa espiritual, y la mezcla o aglutinante, la fe que une y adhiere. Esta contrucción estará solidamente cimentada en piedra firme.

Mientras construimos los muros de la Iglesia estamos rodeados de nuestros propios vicios, y de hombres perversos que intentan impedir nuestra obra, por esto al tiempo que edificamos los muros, es decir, las virtudes, debemos luchar contra los enemigos; tomémos nuestras armas: el escudo de la fe, la coraza de la justicia, el yelmo de la perfección y la espada de la palabra de Dios. (Durandus: 1966; 4).

El pavimento esta hecho por las almas o piedras por la firmeza de la fe y colocadas en el pavimento por la trabazón de la humildad. Siguiendo a San Gregorio, se levanta la fachada del edificio que son las mismas obras que se ven al exterior. Son fachadas del edificio celestial.

Las fachadas tienen atrio por todas partes alrededor, en él las obras son grandes, si la anchura de la caridad las dilata en el alma. El atrio de la puerta, nuestra puerta, es la entrada al reino; y amor a Dios y al prójimo perfectamente es dirigirse a la entrada del reino, el Señor es la puerta" (San Gregorio: 419, 450, 451, 452). Las virtudes las encontramos dispuestas así: la fe es la puerta que conduce al conocimiento; la caridad en el atrio, ensancha el alma en el amor; la esperanza, en el lugar de los 50 codos porque mediante los deseos y suspiros introduce el alma en los secretos gozos del descanso.

Respecto a los vanos, las ventanas oblicuas permiten el acceso de la luz, y son angostas; pero la parte interior que recibe la luz, es ancha como las mismas cosas que se ven, apenas si unos pocos pueden entenderse de ello; que lo que los contemplativos ven de la eternidad es muy poco. Las ventanas están abiertas y están defendidas; porque para sus almas está también abierta o patente la gracia de que están llenas. (San Gregorio: 453).

Los elementos constructivos como los apoyos corridos o paredes, son el soporte sobre el que se pintan los murales, obedeciendo al programa constructivo e iconográfico de la orden. Para las sagradas escrituras la imagen que se ve ante los ojos no es Dios ni hombre, pero es Dios y hombre.

Aquél a quien la imagen representa. Pues es Dios lo que la imagen representa, pero ella en sí misma no lo es. Debes contemplar la imagen y reverenciar mentalmente lo que conoces a través de ella. Tomando en cuenta el sentido espiritual que tiene la pintura mural me permito hablar de las varias maneras o técnicas de hacer dicha pintura, así hablamos de: al fresco, al temple. Que según sea el aglutinante, este será de huevo, a la cola, de caseína, a la encáustica y la pintura a la cal, etc. De manera general describiré dos de las técnicas: el fresco y el temple.

Comúnmente se llama fresco a la pintura mural. El fresco es una técnica, entre otras, que permiten la representación pictórica sobre los muros. Actualmente se sigue discutiendo si la pintura mural conventual se efectuó al fresco o al temple. Los análisis de tipo químico de muestras de pintura, concluyen que tal vez se trate de una pintura al temple; pero estos estudios son incompletos, pues falta la identificación del aglutinante orgánico, para determinar la naturaleza del temple.

La pintura al fresco, resulta de la reacción de la cal del enlucido fino todavía húmedo, con los pigmentos y el anhídrido carbónico del aire. Ello produce una capa de carbonato de calcio en forma de pelicula transparente, que captura en su interior los pigmentos aplicados.

Se pinta al fresco sobre un muro en buenas condiciones estructurales y sin humedad, luego se aplica el aplanado o mortero, que consta de:

- repellado, con proporción de 1 a 3 (cal-arena) y alguna carga gruesa.

-revoque, con igual proporción y consistencia más uniforme que la anterior.

- enlucido, éste es; uno rugoso que va de 1 a 2 ó 3 de cal arena, y uno fino en proporción de 1 a 1 de cal y arena fina.

Un encalado posterior da luminosidad al fresco. Después se procede a ejecutar el diseño, que se pasa del papel a la superficie. Se va haciendo en tareas o secciones, evitando pintar sobre el enlucido seco; razón por la que se va pintando una tarea por cada día. (Hernández: 1980; 6, 8, 9, 10).

Temple

Técnica de pintura mural, más maleable, ofrece diferentes texturas, calidades y brillo peculiar .

El temple usa como aglutinante una emulsión, que es una mezcla de componentes oleaginosos en agua, como serían albúminas, gelatinas o materiales coloidales. El nombre del temple deriva de la emulsión usada, así tenemos temples: de huevo, cola y caseína, etc.

Sus características dependerán del tipo de aglutinante usado, --en general, esta técnica es de secado rápido--. Es una de las técnicas mas estables y de facil ejecución; los tonos podrán aclararse u obscurecerse mediante la superposición de capas de pintura, que al secar se volverán transparentes.

Temple de huevo

En esta técnica se puede usar todo el huevo, o la clara y la yema separadamente. Si se mezcla con agua, se dice que es un temple magro; o con barnices y aceites, para obtener un temple graso.

Es el más mencionado por Cennino Cennini. Tal vez fue el más común en el medievo y Renacimiento temprano. Si bien el más utilizado es el temple de yema.

Temple de caseína

La caseína es el componente sólido de la leche, y produce la cola más fuerte y estable. Usada como aglutinante se le pone una quinta parte de cal apagada y se emulsiona. Se puede diluir en agua.

La emulsión de caseína, al mezclarse con la cal del aplanado formará caseinato cálcico, lo que lo hace resistente al medio ambiente. Este temple se aplica fácilmente sobre un enlucido húmedo con efectos cubrientes muy etéreos y suaves. Si el enlucido está seco los colores serán parecidos a una veladura.

Temples a la cola

Esta técnica es una solución débil de cola (de huesos, de conejo o grenetina) en agua, como aglutinante. Este temple no es muy usado, por ser su calidad inferior. Es menos resistente, no posee la transparencia ni la luminosidad de otras emulsiones.

Temple a la cera (encáustica)

Se mezcla cera de abejas en agua hirviendo, con hidróxido de amonio que actúa como emulsificante. Con estas emulsiones se logra pastosidad, lustre y luminosidad. Se aplica fácilmente y ofrece resistencia al deterioro del medio ambiente.

Temple a la goma

Las gomas más usadas son la arábiga y la de cerezo. Solas no convienen a la pintura, por ser quebradizas y de poca adherencia. Deben usarse mezcladas con otra emulsión (huevo o caseína). Ofrecen una notable luminosidad y transparencia.

Pintura a la cal

Es de ejecución más sencilla que el fresco. El enlucido no se hace al mismo tiempo que la pintura, sino que sólo se humedece con una lechada de cal. Esta técnica no ofrece la solidez del fresco. (Hernández; 1980; 1, 19, 20, 22, 24, 25, 26, 27).

Veamos ahora, para finalizar, la localización de la pintura mural conventual del siglo XVI. De acuerdo al programa pictorico de la orden mendicante, posiblemente se encontraba distribuida en casi todo el templo, el convento y servicios, el atrio, las capillas posas, la capilla abierta, el portal de peregrinos y aun en la fachada principal.

La pintura manifiesta un carácter didáctico, evangelizador, visualmente estaba muy cerca del recién converso y de los frailes que vivían rodeados de muros policromados que los inducían a la meditación.

Vista así la pintura mural, en su aspecto material, es un excelente soporte sobre el que se plasma la imagén transmisora del mensaje. Debe ser preocupación nuestra el conservar estas manifestaciones arquitectónicas y pictóricas de interés para propios y extraños.

Obras consultadas

Benavente o Motolinía, Fray Toribio de, 1971 Memoriales o libro de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella. Edición, notas, estudio analítico de los escritos históricos de Motolinia y apéndices. Apéndice documental, con inclusión de la carta que dirigió Motolinia al emperador Carlos V en 1555, y de otras provenientes de o relativas a Motolinia, y un apéndice analítico de materias por Edmundo O'gorman UNAM, México.

Borromeo, San Carlos, 1985 Instrucciones de la Fábrica y del Ajuar Eclesiásticos Introducción, traducción y notas Bulmaro Reyes Coria Nota preliminar Elena Isabel Estrada de Gerlero I I E - UNAM, México.

Chanfón Olmos, Carlos, 1978 Curso de Historia de la Arquitectura del siglo XVI en México Material didáctico, vol. II, Los Arquitectos. Churubusco, México, D.F.

Durandus, Guillermo 1966 Rationale Seu enhiridion divinorum officiorum. Apéndice en: Mensaje de Arte Medieval de Santiago Sebastián, BAC, Madird.

Eusebio de Cesárea, 1973 Historia Eclesiástica. Tomo II libro 10. BAC, Madrid.

Hernández Saenz, Margarita, 1980 La pintura Mural del siglo XVI en México una visión general Tesis para obtener el grado de Licenciatura en Conservación y Restauración de Bienes Muebles, ENCRyM, México, D.F.

Magno, San Gregorio, Homilias sobre Ezequiel. BAC, Madrid.

Sahagún, Fray Bernardino de 1977 Historia General de las cosas de Nueva España La dispuso para la prensa en esta nueva edición, con numeración, anotaciones y apéndices Angel Maria Garibay, tomo III, 3a. ed., Editorial Porrúa, México, D.F.

Terán Bonilla José Antonio 1988 La construcción de las Haciendas de Tlaxcala. Colonia siglo XIX y porfiriato, tesis para obtener el grado de Doctor en Arquitectura, División de estudios de posgrado, Facultad de Arquitectura, UNAM, México, D.F.

Torquemada, fray Juan de 1976 Monarquía Indiana. De los veinte y un libros rituales y Monarquía Indiana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblazones, descubrimientos, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra. vol. III, UNAM, Investigaciones Históricas, México, D.F.



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