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( www.iespana.es/legislaciones/manifiestos.htm)
El siguiente texto
de Gaudí es largo y conviene sea leído
con reposo y meditado. Contiene multitud de aspectos
que el arquitecto debe tener en cuenta a la hora de
considerar el diseño de un edificio. Como el
buen vino, conviene beberlo a sorbos. ( Miquel Ramis)
Agosto, 10, 1878
Propóngome hacer Estudios serios de Ornamentación.
Mi objeto es hacerla interesante e inteligible.
Examen de las fotografías
de la Alhambra, observando que las columnas,
que tienen poco diámetro se acortan alargando
el capitel por medio de molduras en el fuste; creo en
la aplicación de colores especialmente en la
base para que quede un trozo corto de fuste. Idem en
las distintas salas para sostener bóvedas, columnas
pequeñas que engrandecen la habitación
o miembro, pudiendo jugar la imaginación a semejanza
de los doseletes góticos. Idem las fajas que
se sobreponen, cuyas líneas son direcciones inversas,
esto es, que si la interior sigue el dibujo o motivo
el sentido de la longitud, la exterior sigue la latitud;
esto último lo hace las inscripciones árabes.
La ornamentación, para ser interesante, ha de
representar objetos que nos recuerden ideas poéticas
que constituyen motivos.
Los motivos son históricos, legendarios, de
acción, emblemáticos, fabularios, con
respecto al hombre y su vida, acciones y pasión.
Y respecto a la naturaleza, pueden ser representativos
del reino animal y vegetal y topográficos.
También pueden ser geométricos en las
formas de cuerpos, superficies, líneas y combinaciones
de todas ellas y de cuyo contraste se puede echar mano
para la Proporción, que es una de las principales
cualidades de Belleza.
Para que un objeto sea altamente bello es preciso que
su forma no tenga nada de superfluo, sino lo que las
condiciones materiales que lo hacen útil, teniendo
en cuenta el material de que se dispone y los usos que
ha de prestar, de los que nacerá la forma general.
El tener en cuenta la conservación del objeto
y material darán asunto para la precisión
de la forma de muchas partes y las demás vendrán
marcadas por el contraste, o sea, dando la forma que
siendo agradable haga a sus vecinas mucho más
agradables, y si de esto no resultase por las condiciones
dinámicas o atmosferológicas, formas satisfactorias,
entonces se llama en auxilio a los motivos puramente
ornamentales para ensalzar la forma, haciéndola
desaparecer en su parte mecánica y material y
haciendo resaltar la forma dictada por la feliz satisfacción
de la necesidad, circunstancias que vienen precisadas
por el “carácter” del objeto.
El carácter puede decirse
es el criterio de la ornamentación.
Actualmente, el carácter depende de la nacionalidad
y de los usos y esplendor del que lo usa; un objeto
público ha de tener un carácter severo
que está reñido con un objeto usual de
la familia o individuo. Un objeto público ha
de responder con el carácter a su destino, la
Gravedad, grandeza de forma y sencillez, que para enriquecerlo
deberá no templarlo por medio de ideas más
suaves y naturalmente descifrables, sino por ideas geométricas;
las primeras son preferibles para asuntos particulares.
La geometría tiene grandes condiciones para
los edificios públicos y religiosos; los templos
griegos y demás edificios tienen la planta rectangular,
las columnas cónicas, las metopas cuadradas,
los frontones triangulares; en ornamentación
hay un sinnúmero de meandros que decoran los
miembros, las palmetas, que no son más que lineas
perpendiculares a la línea horizontal que siguen,
etc. Las Catedrales tienen el arco de circulo en las
bóvedas casi parabólicas, los calados,
combinación de círculos, las pirámides
para pináculos y demás chapiteles, los
entrelazados de formas geométricas.
Cuando las formas son secamente geométricas,
entonces necesitan para buen contraste, si se repitan
mucho; un objeto de una forma que sea muy libre, que
no se sujete a forma alguna en general. El capitel del
templo de Apolo en Figalia de Ictinos, por la forma
acentuada del ábaco que los ángulos presentan,
nuevos cuadros y la moldura circular inferior, el meandro
del ábaco y el collarino y las fuertes estrías
del fuste y las repetidas molduras de la base, exigen
unas palmetas que se aproximan más al natural
y exigen, además, estiletes todavía para
dominar y hacer pasar plaza se superficie neutra al
conjunto de molduras enumeradas.
El capitel dórico, de forma sencilla, mecánica,
después de colocarle un bien atado collarino
a la cúspide de las estrías, no exige
más que una forma completamente convencional
de la naturaleza, las palmetas pintadas constituyen
la parte más atrevida comparada con el meandro
del ábaco, y con las lineas vecinas como ornamentación
principal, no como riqueza, sino como idea, los asuntos
de las metopas, los del timpano y los ángulos
y cresta del frontón.
Al contrario, el del monumento a Lisicrates cuyas formas
exageradamente geométricas, el zócalo
cuadrado encierra unas gradas, constituyendo prismas
y más prismas, encima de los cuales se destaca
un pesado cilindro que no hace más que darle
el parecido ‘de mayores dimensiones, los conos
de las columnas, y después de tanta forma puramente
geométrica que domina tanto y tanto como tal,
es natural que no podía venir otra cosa que la
naturaleza más precisa, que en el templo de Apolo
no podía faltar el encanto y las flores y tallos,
y la cubierta debía convertirse en un tapizado
de hojas dados al capitel sin rival, modelo en el tamaño,
en el material, en el dibujo, en la composición,
en ejecución, en luces, en la creación
maravillosamente griega, el capitel del Erecteo.
El capitel del Erecteo está tan apropiado al
material de que se trata que las molduras se enriquecen
con el claro oscuro, los collares de palmetas son esculturados
y más perennes, las estrías más
pronunciadas, y por consiguiente en todo él abunda
mucho la forma geometral e indispensable. Es el recuerdo
de la naturaleza más frecuente para dominar tanto
movimiento y darle un toque culminante, cosa que es
como la cabeza del ovillo de la belleza y formas.
El Erecteo, templo cuya atención se concreta
en el pórtico, sus seis columnas o cuatro forman
el principal elemento, no tenía grandes estatuas
en el timpano. Debían ser sus columnas gallardas
como la figura humana, rígidas como las del Partenon
y su magnitud no grande debía estar suplida por
la riqueza, pero no riqueza de adamascado, sino de relieve
de claro-oscuro, de silueta en todo y en cada una de
sus partes, la menor dimensión debía ser
solventada por el alarde de forma trabajada y elaborada
y es de sentido común que las formas sencillas
sean peculiares de la grandeza y la ornamentación
abundante es propia de las pequeñas masas.
Las grandes masas son siempre en si un elemento de
la elevada ornamentación. Por ejemplo, los tambores
de 2 metros que componían las columnas del Partenón,
¿qué ornamentación se podía
desear para ellos, para el capitel cuyo ábaco
tenía una altura mayor que el codo de los atletas,
y cuya huella hubiera sido de miope al lado del equino?
¿qué ornamentación mejor que hacer
brillar en toda su pureza esta grandeza, y qué
más acertado que hacerla crear si cabe por perfiles
sutiles pero enérgicos, delicados en ciertas
partes para indicar la finura y riqueza del material
y poner de relieve la grandeza?
La ornamentación ha sido,
es y será coloreada, la naturaleza no nos presenta
ningún objeto monótonamente uniforme.
Todo en la vegetación, en la geología,
topografía, en el reino animal, siempre el contraste
de color es más o menos vivo, y de aquí
que obligadamente debamos colorear en parte o en todo
un miembro arquitectónico, coloración
que tal vez desaparecerá, pero que la mano del
tiempo se encarga de darle una propia y preciosa de
la antiguedad;
quién no recuerda los matices dorados de las
piedras de las regiones meridionales, por ventura un
edificio recién acabado no tiene una frialdad
que repele, quién, por ejemplo, osará
comparar las fachadas flamantes de la Universidad con
las paredes de la casa de la Lonja, de la Diputación
con la del Ayuntamiento, estos fríos monumentos
de mármol blanco, por ejemplo, el de la plaza
de Palacio, comparable con lo que tiene el de la Plaza
del Duque con el trascoro de la Catedral; los mismos
tonos de la Catedral comparándolos con el vestíbulo
de la Universidad, con el de la Diputación, repicado
recientemente, y os convenceréis que mientras
no venga la coloración natural del tiempo, es
indispensable la pintura, y ésta lo mismo
se adapta a la rigidez y severidad de las grandes masas
en los frondosos huecos de la profusa ornamentación.
Esto me recuerda un hecho que nos prueba la gran importancia
que tiene la coloración, aunque sea en pequeñas
masas, el San. Jorge puesto en la Diputación
es monocromo enteramente, y del color más frío,
el blanco; el balcón en que está colocado
es del mismo material, pero en la ornamentación
de los pilares de la balaustrada surge la roja cruz
de la Diputación; comparados ambos objetos, el
Sr. Jorge es frío, confuso, inacabado, no respondiendo
como objetivo principal de la fachada.
La pintura arquitectónica en ciertos puntos
tiene la ventaja inmensa que hace más enérgicos
los contornos y los planos estrucurales, dando una idea
más clara del objeto.
La ornamentación escultural tiene siempre por
objeto aumentar la importancia de las superficies sin
darles pesadez; la fachada lateral de Belén sin
ninguna ventana, el almohadillado, gárgolas y
molduras, hacen de ello una grande decoración,
y esto es porque los objetos pequeños, y entiéndase
que el tamaño es considerado según el
hombre y su criterio especial, son más ornamentados,
más profusamente esculpidos, (los muebles son
una prueba), no porque el coste sea un obstáculo,
como lo prueba el empleo del mármol, sino por
que es racional.
De esto se apartan algunos edificios franceses: la
Ópera, a cuyas envolventes exteriores se ha pretendido
darles gran movimiento, como se dice vulgarmente, pero
lo que se ha hecho es achicar las lineas generales,
que si defectuosas eran, no se hicieron mejores enmendándolas
con trituraciones, que lo más que hacen es llamar
una sobrecargada para ofuscar los defectos.
La ormamentación es una parte, si bien esencial
para darle carácter, sin embargo
no es más que el metro y el ritmo en la poesía.
Un concepto se expresa de muchas maneras, pero se hace
oscuro y alambicado cuando se quiere introducir quieras
que no accesorios obligados que atacan a la buena inteligencia
del pensamiento.
La primera cualidad que ha de
tener un objeto para ser bello es cumplir con el objeto
a que está destinado, no como si reuniéramos
los problemas resueltos por separado y los recopiláramos
para darnos un resultado heterogéneo, sino tendiendo
a alcanzar una solución de unidad que atienda
a las condiciones materiales del objeto, a su uso, al
carácter, y sintetizado y sabidas las buenas
soluciones, tomar la resolución más adecuada
al objeto de lo que se desprende que hay que atender
al uso, al carácter y a las condiciones físicas.
Uso. El uso puede decirse
son los móviles de la creación del objeto,
el carácter es la definición de las circunstancias
estético morales y las condiciones físicas
son las que tienden a las materiales de durabilidad,
conservación, etc.
Recopilándolas todas en la ornamentación
en su expansión más lata de estas palabras
y que hemos indicado con el carácter y las leyes
físicas.
Examinemos el Carácter,
que puede ser religioso, Civil y Militar, cuando público,
y el particular, cuyo objetivo es la familia, sus cuidados,
necesidades y conveniencias, y representación
de ella y sus individuos.
El Carácter religioso es el que tiende siempre
a lo más grandioso desde el momento que su objetivo
es un misterio, cualidad que se alcanza por una infinidad
de medios, que nos obliga a considerar actualmente la
religión con relación a la sociedad, que
ha pasado aquel tiempo que la fe y el entusiasmo religioso
levantaron el infinito número de catedrales,
pudiendo indicar que el carácter religioso anda
indeciso, los objetos religiosos son esclavos de una
idea profana, el arte:
al hacer un templo no se exige de él que tenga
aquellas cualidades propias de un Dios terrible que
se sacrifica por la criatura, la mansión de la
omnipotencia de millares de millones de sistemas solares,
ni tampoco hacer el objetivo que vencer de una manera
elevadísima, cual es el Sacrificio incruento,
sino que se busca la imitación de formas de otras
edades que magnificas serian para aquella época,
puesto que aún percibimos algo de aquel sagrado
incienso, pero aquel lenguaje no es el nuestro,
y lo que vemos en la reproducción de aquellas
formas es más el recuerdo de las formas plásticas,
reminiscencias de aquellos hombres que la idea que se
cierne sobre ellas, revelándonos de una manera
vaga la Divinidad, es decir, que en la continuacion
de los estilos goticos adoramos mas la edad media con
cualidades y defectos, sus formas plasticas nos traen
a la memoria los hechos, los personajes, las tradiciones
de aquellas gentes, pudiendo decir que mas se tiene
con esto ideas romanticas que religiosas, produciendo
una tutela de la religion, del arte de otros tiempos,
no un arte que se identifique con la religion para expresarla
cual debiera ser, sino un arte que se impone como estilo.
De aqui que las concepciones
modernas son los que pudieramos llamar puramente arquitecturales,
ni la pintura, ni la escultura se les plasma para poner
en evidencia los misterios de la santa religion, ni
ocupan cual debieran la representacion de los martires,
como en el renacimiento en sus brillantes y sublimes
pinturas, ni tampoco el simbolo que anteriormente tanto
privo tiene la importancia debida, sino que toda se
concede, parece ridiculo, a la hoja de col, al acanto,
a los calados, a las molduras, pero esto como forma
puramente plastica.
Por ventura infunden religiosidad tales accesorios,
que como detalles, no estan conformes con nuestro modo
de ser, donde estan aquellos expresivos relieves que
nos recuerdan ya el martirio ya el misterio, la caridad
o la contemplacion? Ahora solo se ponen algunos santos
y aun a estos para que den motivo a colocar una peana
o un dosalete afiligranado, es decir, buscar
un pretexto para traer a colocacion una forma puramente
plastica.
Ademas, los medios de ejecucion han variado completamente,
entonces toda la filigrana idealizada de aquellos templos
se podia realizar por no tan exagerado coste, hoy la
mas pequeña escultura, el insignificante capitel
que las sombras de la nave han de esconder, cuesta un
sentido por el subido precio de la mano de obra, es
imposible prodigar las molduras, los calados, etc. La
propia escultura, y por eso vemonos obligados a ser
parcos y hasta miserables una vez adoptado el estilo,
y necesariamente producimos, edificios
incompletos que nada dicen, porque los elementos
de que disponemos son completamente distintos.
¿Pueden, a pesar de todos los sacrificios, compararse
nuestros edificios modernos con los de aquellos tiempos?
Resistira la comparacion del edificio del Sagrado Corazon,
de Paris, con la catedral de la misma ciudad y no quedara
muy y mucho atras solamente el nombrar las de Reims,
Colonia, Strasburgo, Chartes, donde estan las grandiosas
portadas, las siete torres, las inmensas bovedas, y
atiendase que los ultimos son debidos a la iniciativa
o de una poblacion o a la de un principe, y el Sagrado
Corazon es o sera debido al esfuerzo de toda la Cristiandad,
y todo esto para tener un enorme monumento que no nos
expresara lo que deseamos y podra ponerse al nivel de
los que quiera imitar, y todo esto porque los elementos
de aquel entonces han desaparecido y por otra parte
dejamos perder otros que nos podrian dar grandes resultados,
dejandolos vagar hibridos y sin objeto, separandolos
actualmente estas sublimes manifestaciones.
Y no se diga que no hay quien sienta este genero porque
recordar en la ultima exposición de Madrid el
Entierro de San Esteban, los ultimos dibujos de Rosales
en sus cuatro Evangelistas, etc, etc... Decoración
que, bien entendida, tan bien se aviene al caracter
de nuestra sacrosanta religión en su espiritualismo,
que asi como el Paganismo preponderó en la escultura,
es decir, en la tangible forma, en la vista terrestre
con sus semidioses y heroes, el Cristianismo se aviene
como de molde para sus concepciones,
trazarlas espiritualmente en una atmosfera impalpable,
en un cuerpo sin relieve, sino todo expresion, todo
afectos morales, y atiendase que esto es perfectamente
realizable, que existen pintores de gran valia es innegable,
que bajo los auspicios de estos serian innumerables
los jovenes que se pondrian bajo sus ordenes para llegar
a ser, aprendiendo los secretos del arte, algun dia
maestros.
Podrian resultar efectivamente asequibles los precios
y costes de tal sistema de decoracion, y viniendo al
efecto con los usos del rito y las costumbres que pudieramos
llamar religiosas.
Antes, en los siglos de la arquitectura gótica,
es sabido que no estaba generalizada la costumbre de
los sermones, solamente al propio tiempo de la reforma
fue cuando salieron las órdenes de predicadores
y empezaron a establecerse tal costumbre, por lo que
entonces en la iglesia sólo se oraba y se ejercían
los actos religiosos, pero no era como ahora una cátedra
donde se va a instruirse y fortalecerse moralmente por
medio de las conferencias.
Antes el principal objeto eran los oficios, ahora
va agregado otro, las pláticas, hasta indicar
que bajo este punto de vista se requiere una satisfacción
de esta necesidad. Debemos también añadir
a éstos que son más frecuentes por causa
de nuestras cotidianas ocupaciones las funciones de
noche; es inútil el decir las ventajas que ofrecen
las pinturas para la luz artificial y el pábulo
que dan a la palabra las escenas gráficas, que
el sentido que más se distrae, el oído,
le pongan atento por guía de la vista,
condición tanto más digna a tenerse en
cuenta, cuanto no hace muchos años y aún
lo es en algunas costumbres de echar todas las cortinas
durante el sermón poniendo la iglesia casi a
oscuras, oscuridad que ayudaría a la imaginación,
que vería vagamente escenas en consonancia con
el discurso sagrado. Todo lo expuesto, que es ni más
ni menos que el ideal de algunas de las iglesias del
renacimiento, pero que venia involucrado con unas ideas
completamente opuestas,
esto es, la aplicación de formas y miembros
tan exageradamente revelados que como es natural, el
claro-oscuro de la pintura como fantasmagoría
vista al través de una gasa, además de
que la ordenación obligada de esta ornamentación
obstruía los sitios más a propósito
para recibir dichas manifestaciones, encontrándose
relegadas a sitios los más inconvenientes respecto
luz y visualidad, continuemos, pues, estas ideas que
tan encarnadas son las actuales, y en vez de contrariar
y contrariarnos, solventemos las dificultades naturales,
que mucho haremos si lo logramos.
Al presente, todo lo que tiende
a elevar el valor de la mano de obra, tiende a bajar
el valor de los materiales. Nadie ignora que
desde principios de este siglo, el jornal de algunos
sueldos tiende a duplicarse, triplicarse y cuadruplicarse
en todos los ramos e industrias, sin duda efecto de
la aplicación de máquinas que elaboran
grandes cantidades en poco tiempo,
pongamos el caso de poder emplear máquinas si
es posible, para que resulte económica la mano
de obra, y respecto a los materiales, si que han descendido
mucho de su valor por la facilidad de arranque y transporte.
Los romanos, que necesitaban grandes edificios, no
vacilaron en emplear las máquinas de aquel entonces
en la construcción de sus termas y circos, esto
es los esclavos, que no pudiendo por su misma organización
militar tener artífices en gran abundancia, aplicaron
la fábrica de mampostería y hormigón.
Y con cuanta mayor ventaja podríamos nosotros
hacer dichas obras, toda vez que tenemos poderosas máquinas
de triturar piedras, formar el hormigón, locomóviles
de potencia para cubrir a grandes alturas y a cada paso
canteras de producción de cales hidralizadas
que tan bien se avienen con la fábrica que se
acaba de indicar,
reservamos la piedra labrada que también se
puede alcanzar por medio de máquinas y ahorramos
con un sistema y escatimamos miserablemente la escultura,
es decir, no gastemos en balde para cosas que nada significan,
y atengámonos a lo indispensable moral y materialmente.
Los mismos productos moldeados de barro cocido y barnizado
o mayólicas, puede servirnos de mucho para dar
carácter y duración, y puede obtenerse
a un precio muy asequible y conveniente, y entonces
estaremos en el caso de poseer desahogadamente elementos
para dar gran carácter a las construcciones religiosas.
No sea tampoco obstáculo que las industrias
auxiliares se han de crear, porque si no se da salida
a los productos difícilmente se crearán
industrias. Hagamos de nuestra parte que se normalicen
los medios para tener grandes elementos, como los que
se han servido de pocos años a esta parte. ¿Quién
no ha visto pasar la de los vidrios pintados?, no ¡cuenta
tampoco muchos años la fundición del hierro,
la de aserrar mármoles, etc. Aquí mismo
tenemos varias fábricas de tejas mecanicas que
exigen máquinas especiales y vengamos ya a los
materiales propios para dar carácter a las construcciones
religiosas, empezando por el carácter exterior
de los templos.
La situación que generalmente se da a los templos,
puede decirse que está en consonancia con su
importancia y sus usos, podemos achacar al emplazamiento
que tiene en general.
La parte exterior estará en consonancia con
el interior, procurando que la forma piramidal domine.
Los materiales a propósito empleados son: la
sillería sin pulimentar, la estatuaria en ciertos
casos, el ladrillo y el barro cocido para relieves y
ornamentación, en ciertas partes el bronce, el
hierro, el plomo, la madera escasamente.
Las formas, en general, grandes puertas cobijando
estatuas, acusar por los machones los empujes de las
bóvedas y arcos, completa armonía entre
el sistema constructivo y la representación de
ideas religiosas, no disimular las grandes masas, sino
al contrario, tomar de ellas su magnitud, haciendo perder
su materialidad, si es preciso, por medio de la ornamentación
adecuada y sencilla.
Las formas exteriores han de
ser trasunto de las interiores, encima de grandes
pilares pueden levantarse arcos y bóvedas de
formas equilibradas, nervios de ladrillo y enjutas de
mampostería o tabicadas, la cúpula puede
jugar un gran papel para dar luces altas y propias para
iluminar las pinturas de las paredes y las mismas bóvedas,
la parte exterior los materiales de tierra cocida barnizados,
pueden cubrir a satisfacción todas las formas
indicadas.
Ciñéndonos más a la forma de la
planta y los medios de cubrirla, indicaremos, que la
forma esférica inscrita en un cuadrado, dando
por resultado cuatro pechinas y éstas sostenidas
por cuatro pilares, es una forma sumamente aérea,
tomándola como elemento de construcción
en cada uno de los cuadrados se pueden adoptar un cuarto
de navaja, que al paso recibe los empujes superiores,
pueden también éstas quedar sostenidas
por otras dos pechinas para llegar al cuadrado,
formando con la cúpula central una cruz en cuyos
cuatro senos cabrían cuatro capillas independientes,
y que darían al conjunto gran efecto. Tomando
la cúpula como a manera de cubrir espacios cuadrados,
naturalmente que de este elemento se puede hacer un
sin número de aplicaciones según la grandiosidad
del proyecto, pudiendo emplearlo desde la iglesia más
sencilla con una sola cúpula a la forma más
grandiosa por combinación de cúpulas.
La nave principal de una iglesia tiene algo que ver
con la unidad de la Divinidad e igualmente la cúpula
central indicaría siempre esta misma unidad.
Una iglesia sin cimborrio, interior y exteriormente
no tiene la grande importancia de la cruz y su cruce.
La cúpula de media naranja con lucernario coge
una grandiosidad y espejismo notables, hace desaparecer
la pesadez y materialidad de la forma; una
bóveda de arista necesita estéticamente
la clave en el cruce, para señalar un
punto importante y la sucesión de puntos de la
grandiosa perspectiva.
La gran nave de una iglesia crece al lado de las naves
laterales, en la misma manera una cúpula se agranda
al lado de cañones.
La cúpula que es el sitio que proporciona la
luz, eleva a grandes ideas y pensamientos, su construcción
sobre cuatro pilares da una división natural,
horizontal, que hace crecer todavía la altura.
Pero la gran ventaja que reúne la cúpula
esférica es el poder destruir los empujes por
medio de un aro de hierro hasta que los materiales han
adquirido la necesaria consistencia y entonces aunque
se destruya dicho aro obra como una sola pieza toda
la cúpula, el que se pueda construir con materiales
preparados a máquina, y el que se pueda echar
mano de moldes y caja para la construcción.
Como el estudio de las curvas de presión y contención
de fuerzas, podrían aplicarse al estudio de la
construcción en general y no serian débiles
los resultados que se alcanzarían. Se entiende
que en los siglos medios no se aplicasen directamente
tales teorías, puesto que no se conocían,
haciendo sus construcciones de una manera intuitiva
y práctica, pero nosotros bien podemos aprovecharnos
de tales ventajas para hacer construcciones apropiadas
a los adelantos de nuestra época, aprovechando
de las facilidades y evitando los inconvenientes que
no hay posibilidades de salvar.
Volviendo al examen del carácter de los edificios
religiosos, en su parte exterior, tenemos respecto a
emplazamiento: Rodeados de construcciones particulares
o públicas y todo lo más teniendo en su
ingreso una plaza, que en nuestras ciudades tienen gran
vida exterior y por consiguiente, en relación
a los demás edificios, deben tener más
riqueza que en otras ciudades por cuyas circunstancias
particulares eran de apariencia menos digna.
Para mantener el rango del templo es preciso prestarle
exteriormente un aspecto acabado y digno, por más
que no esté sobrecargado de ornamentación,
y esto es tanto más digno de notarse cuando ya
en los siglos medios lo hicieron, no descuidando para
nada en los grandes monumentos. Y
si realmente algunas de nuestras catedrales presentan
un aspecto no muy agradable o descuidado, es debido
a las añadiduras posteriores que han sufrido.
Los materiales de la construcción, la sillería
en su color natural, las cubiertas con barro cocido
barnizado, la escultura igualmente en piedra y monograma
del mismo material, todo lo más la escultura
en plomo para ciertas partes altas doradas o sin dorar,
la severidad en la composición, la franqueza,
pero no la dureza en no cubrir las formas sobrado pesadas
e inconvenientes, el recuerdo oportuno de ciertos misterios
y santos, la ejecución fina acabada, aunque debe
ser sencilla, una gradería alrededor para aislarlo
más del mundo exterior, el dominio de las lineas
verticales o de la elevación, y luego el sitio
para las campanas sobre la puerta y a gran altura para
alcanzar así a los más lejanos. El portal
de gran tamaño, no para el hombre individuo,
sino para la Humanidad entera que cabe toda en el seno
de su Creador, nada de pinturas al exterior, que al
encontrarse en un circuito de objetos de relieve, forzosamente
debe amenguar su efecto, debe disminuir la importancia
de los mosaicos de las puertas exteriores de las iglesias
italianas.
La ornamentación con motivos históricos
de gran realce comparado con motivos que representan
de una manera incompleta una idea de la naturaleza,
como las hojas, que empleadas de una manera separada
no vienen a cuento para expresarnos un objeto natural,
una idea paisajista que pudiéramos llamar, por
eso, la sucesión de palmetas en el estilo griego
constituyendo una faja, la flor de lotus en el capital
egipcio con la corona y la cápsula y los florones
de remate del estilo ojival representando la unión
de hojas imitando la col, el apio en la sucesión
de un declive, de un apiñonado, todo son ideas
completas, no truncadas, y pudiéramos añadir
muchos y notables ejemplos, como el capitel corintio
representando el canto, los innumerables góticos
representando el perejil, la berza, la ensalada, la
coliflor, el apio, o la ensalada que representan los
florones de remate de las capillas del ábside
de la Catedral de Barcelona en su parte exterior.
Ahora que el estudio de la vegetación y la Botánica
han hecho vulgares plantas que tienen grandes condiciones
de ornamentación adaptándose y fijándose
fácilmente con las combinaciones geométricas,
así como el campo donde crecen dichos vegetales,
cuando no hasta una representación vegetal exclusivamente
en su plenitud, entonces puede darse un complemento
por medio de atados de cintas de clavar, de otros mil
medios mecánicos para adherirías, pero
con cierto convencionalismo rígido que haga aparecer
el inerte vegetal como realmente frondoso, fresco y
lozano.
Las casas elevadas de nuestra época que se hallan
habitadas hasta los terrados circundan el templo de
manera que los vidrios de colores no tienen, no pueden
tener la luz intensa y diáfana del firmamento,
sino la luz reflejada de los edificios contiguos. Naturalmente
que si buscamos luces altísimas en general nos
aislaremos del mundo exterior, nos elevaremos a Dios,
reportando con esto más ventajas a las pinturas
de las paredes por ser más a propósito
las luces altas y por consiguiente distantes, cosa muy
conveniente en lo que concierne a la distancia para
que queden amortiguados los vidrios de colores.
Respecto a capillas para las grandes iglesias, hacerlas
aisladas o casi independientes y capaces.
El coro alrededor del santuario, por las circunstancias
modernas no pueden adaptarse mucho a ello, pero darle
una forma espaciosa y grande, no hacerlo raquítico
e incapaz, sino que dando mayor realce al monumento,
y especialmente al altar, ocupe el clero lugar muy distinguido.
Las grandes formas absidales se prestan muchísimo
a ello, la sacristía separada del coro y próxima
al altar, pudiendo haber puerta de comunicación
con el presbiterio.
Un claustro procesional que esté especialmente
alrededor del ábside da gran aislamiento al santuario,
veneración y conveniencia a los usos del culto.
La Capilla para administración de los sacramentos
es conveniente y necesaria en las iglesias particulares,
pero no es cuestión de distribución, que
nada tiene que ver con el carácter que las construcciones
religiosas deben presentar actualmente.
Las ceremonias del culto exigen el altar de forma sencilla
para las exigencias litúrgicas, pero muchas veces
una idea de lujo mejor que verdadera religiosidad han
convertido nuestros altares en verdaderos almacenes
de formas e imágenes, perjudicando el templo,
haciéndolo mezquino, con tal abundancia de objetos
que no cabrían de una manera deshogada dentro
de él, debiéndose replegar por la sinusoide
de las bóvedas.
El altar en primer lugar sirve para el santo sacrificio
de la misa y de los divinos oficios, así pues,
dando gran realce al ara y lo que la rodea, elevándola
por medio de gradas o aislándola y dotándola
de todos los elementos que infunden respeto; convendrá
ser muy parcos en escultura para no perjudicar a las
pinturas de las paredes, usando tan sólo de un
conjunto neutro y en símbolos, sobre todo si
pueden ser de metal para hallar una diferencia muy marcada
de tono.
Los tonos dorados y plateados, así como el del
cobre y bronce claro, son de tintas claras, que esclarecidas
más aún por los reflejos de los pulimentos
se destacarían de una vez de los fondos pintados.
Los colores naturales de las maderas solamente en las
partes bajas y como intermedio entre las piedras pulimentadas
del suelo y las pinturas de las paredes, partiendo siempre
del principio de hacer el altar de las materias más
ricas y durables.
La exposición del Sacramento es una de las ceremonias
más magnificas y grandiosas, pero que los modernos
sagrarios y al mismo tiempo raquíticos que se
abren y cierran de una manera casi mágica o por
un resorte, es poco reverente; en la Catedral de Tarragona,
cuando efectúan esta ceremonia, ponen un dosel,
y en procesión llevan el sacramento desde su
capilla al altar y recíprocamente una vez terminada
la función, cosa que da motivo a una magnífica
función que tiene grandísimo atractivo.
Pero se me dirá que hay casos que el clero asistente
es escaso y por consiguiente una función de esta
clase seria sumamente pobre, pero precisamente en iglesias
que no tengan capilla sacramental exprofeso, pueden
depositarlo en una arca del mismo altar.
Indudablemente que el templo de S. Pedro de Roma podría
ser más o menos justo y de formas más
o menos apropiadas, pero con gran realce al santo sacrificio,
respeto y veneración. En cuanto a la forma tecnológica
y litúrgica, pueden usarse el cedro revestido
con planchas de cobre, plata o bronce o bien el oro,
uno de los otros metales dorados y de cuya combinación
se puede sacar un partido inmenso (como ornamentación,
recuerdos de la Pasión, de los misterios religiosos),
esculpidos en lo que pudiéramos llamar tras altar,
de forma completamente artística y teniendo sitio
a propósito para recibir estas magnificas custodias
de metal, que tantas hay en toda España, ya sean
de estilo plateresco o góticas tal vez. Así,
para la colocación de la custodia podría
hacerse un pedestal como un altar más elevado.
El propio templete podría servir en sus tres
caras para poner en cada una de ellas el velo blanco
que se acostumbra poner durante la cuaresma, que infundiría
religiosidad, no descendiendo de la bóveda como
hasta ahora.
Para hacer más inconmensurables las elevadas
cúpulas, no iluminarías
por medio de suspendidas coronas de las bóvedas,
especialmente en las altas, en las secundarias si podrían
usarse o poco elevadas, y en las demás por medio
de candeleros de metal o adheridos de la pared.
En cada una de las puertas, un pórtico que la
antecede, seria sumamente conveniente para presentar
la comparación de una pieza pequeña y
baja y luego presentársela inconmensurable de
grandisima altura.
Las campanas puestas encima del cimborrio y a la mayor
altura posible, tendiendo todo el conjunto de la construcción
a la forma piramidal. Esta disposición es tanto
más conveniente cuanto que ya teniendo que dar
gran asiento para el sostenimiento del cimborrio para
hacerlo perceptible al exterior, es preciso darle una
envolvente aparente para que no quede aplastado.
Prueba de ello son las cúpulas de S. Marcos
de Venecia, que tanto se diferencia de los limites de
los estrados, pero no se presta esta construcción
para llevar las campanas. Antiguamente los campanarios
tenían un carácter semicivil, como lo
prueba al tener algunos de ellos puerta exterior. Viollet
cita varios, y en Reus existe una escalera exterior
con su puerta independiente, y se comprende, porque
allí servia para dar señal de alarma para
prevenir a los campesinos de la proximidad de piratas
que comúnmente desembarcaban en la playa vecina
y puerto de Salou, o bien de otros enemigos. Hoy solamente
ha quedado reducido al uso puramente religioso.
Es de notar que este sistema se aplicaba lo mismo a
una iglesia de grandes dimensiones que a la más
modesta.
Las innumerables iglesias que en el siglo pasado y
en el precedente se levantaron es bien clara muestra
de lo raquítico que se hicieron algunas de ellas,
es decir, sin recurso y atendiendo más a la idea
de crear una nueva que no hacerla digna y a propósito
para el culto, la mayor parte de ellas por el espesor
de sus muros indican que no son edificios de larga duración,
sino que quedan destruidos al empuje de una pequeña
causa. Los edificios religiosos por carácter
han de ser perdurables como la religión que cobijan,
un objeto baladí, de moda, es puramente mundanal,
sin duración ni resistencia.
Los triforios o tribunas son realmente de buen efecto.
Los de las iglesias del renacimiento
son totalmente defectuosas y conspiran contra
la unidad, primera cualidad de la grandeza y por consiguiente
de la sublimidad. En los del periodo ojival, parte estrictamente
de los inmensos ventanales que los sobrepujan, pero
a pesar de todo ¿se puede comparar con la concepción
y sencillez de las capillas del Palais de París
y las del arzobispo de Chartres?
Lo que indudablemente es sumamente
defectuoso es la colocación de los órganos
en la parte más elevada de la iglesia. Que
pequeña parece la bóveda para contener
tamaño desaguisado, respecto de tal efecto estético
colocado en el suelo de gran efecto podría ser
pero arrimada a la pared.
El oir los divinos oficios desde una tribuna tiene
un carácter semi-familiar que empequeñece
el objeto sacrosanto del culto, esto de ver el altar
más bajo que los asistentes es de mal efecto,
por esto alrededor de la capilla mayor se guardan de
dejarlo invadir por el público, y generalmente
en los edificios el triforio es sólo un hueco
de descarga.
Las tribunas de las primeras basílicas tienen
su origen en las basílicas. Efectivamente en
las basílicas se comprende su existencia para
contener mayor número de gente en su reducido
espacio para enterarse de los litigios, además
de que nada perdía el tribunal dando un sitio
preferente y aislado pero en las iglesias, real y positivamente
es de un desgraciado efecto. Es uno de los grandes lunares
que tiene nuestra Catedral para su efecto de conjunto
y esto que no lo pusieron alrededor del ábside,
y que reclama necesariamente los calados para a lo menos
templar este efecto y dar satisfacción a este
efecto de unidad que requiere un edificio religioso
como eminentemente artístico.
La catedral de Tarragona no las tiene.
La construcción económica de nuestra
época indudablemente es el hormigón para
macizos, y para cubrir el empleo
de bóvedas tabicadas de varios gruesos
según la luz y demás condiciones de resistencia.
En los revestimientos exteriores de sillería,
que debieran ser en plan de poco grueso para hacer completamente
sólido y para poder sufrir cargas directas, dejando
las juntas gruesas de cinco centímetros para
colocarlos con estaño, y si estas partes
fuesen las más apartadas del centro de la construcción,
en sillería grande, como asimismo los portales
de la misma construcción. Esto daría una
mayor rigidez en la periferia que en el centro, y por
lo tanto una tendencia a la piramidación, tan
propia a la estabilidad.
Los machones, interiormente construidos de hormigón
por medio de cajones para después revestirlos
en el exterior del edificio con parte de sillería
y al interior los estucos para recibir las pinturas.
Las disposición siempre la que requiriesen las
cubiertas.
Las bóvedas, como su objeto es proporcionar
luz al interior, y la estructura
es tabicada, se prestan a todas las formas equilibradas
y éstas con fácil construcción
y economía de andamiajes.
Señalando el sistema de construcción,
sólo pretendemos decir algo del sistema de lineas
en consonancia con el carácter y a propósito
del sistema establecido.
Cada sistema de lineas en consecuencia con la construcción
y con las condiciones topográficas y meteorológicas
de la localidad constituyen un Estilo, que se modifica
por las condiciones físicas enumeradas y otras
propias y especiales de la localidad.
Clara y patentemente, un edificio típico tiene
como dominante una de las dimensiones a que se sujeta
todo cuerpo.
Los egipcios desarrollaron la horizontalidad, los de
la edad media, la verticalidad.
En el Oriente todo se funda en el soporte horizontal
y montantes verticales, el arco es un simple motivo
de ornamentación que se enclava entre el sistema
de pilares y dinteles, sus bóvedas son sencillos
casquetes esféricos o bóvedas estalactíticas,
es decir, un techo plano en el cual se han sostenido
las estalactitas como recuerdo de la frescura de la
cueva, pero estas bóvedas por ventana obedecen
a una estructura de medios para cubrir, es puramente
una creación ornamental, es decir, exclusivamente
lujo, que solo se pueden permitir ciertas y determinadas
individualidades a expensas de la colectividad.
En la sociedad actual en que se da acceso no a privilegios,
sino a que se extiendan los beneficios para todo el
mundo, no como en los templos griegos que solo los sacerdotes
y las panateas tenían entrada en el recinto sagrado
o los augures romanos en sus templos, sino que en el
templo cristiano pueden entrar todos, hasta los malos,
sin distinción de edad, sexo y condición
o posición social;
destino que expresa desde luego lo grande, lo inconmensurable
del templo para contener a todos, grandes y pequeños,
ricos y pobres, absolutamente todos. El templo griego
lleno de presentes y dádivas, despojos y trofeos,
levantado por todos los ciudadanos para la estancia
momentánea de seres privilegiados y en escaso
número, constituyen grandes medios para la riqueza
del monumento, debiendo significar por riqueza no el
oropel, es decir, la apariencia de grande riqueza en
jaspes, en canteria y oro, en dorados, etc.;
la diferencia entre el monumento griego, el Partenón,
todo ello de mármol llamado hoy tatuenio es decir
el pantélico con sus dioses de marfil, oro y
piedras preciosas, hasta sus tejas que sino de bronce
eran de mármol, sus trípodes de bronce
y metales todavía más ricos, y el reciente
de la Ópera de Paris, si bien es verde con mármoles
de todo el mundo, pero solamente empleados en ciertos
casos que demuestran las miserias y el descuido al mismo
tiempo de las fachadas laterales, las esculturas de
yeso imitándolo todo y no satisfaciendo nada,
viendo detrás de su cresteria de bronce unas
miserables tejas de barro cocido o de triste pizarra,
la diferencia es grande, indudablemente, y mucho más
si se atiende a que la Ópera, edificio destinado
tan sólo a una clase de recreo de la gente pudiente,
cuenta diez o doce veces la superficie del Partenón,
que su altura traspasa por dos o tres veces la altura
del Partenón,
que hay sitios que llega a tener más de cuatro
pisos y el templo citado tan sólo tiene una planta,
que se comprende que los servicios se imponen por todo,
que la necesidad moderna de dar albergue a tanta gente
obliga necesariamente a buscar todos los recursos, llegando
al extremo de descuidar completamente ciertas partes
para favorecer otras, dejando
un piso sin luz y mala distribución por el solo
placer de poner una fachada como muestra, que
ningún servicio hace, que ninguna aspiración
complace más que la vanidad del arquitecto que
se creería impotente y sin recursos si su fachada
no rebosase escultura, molduras y miembros y más
miembros exóticos que se ha dado en la manía
de aglomerar en una parte del edificio.
¿No es más lógico,
más natural, satisfacer las necesidades materiales
y las aspiraciones morales, que no echar el resto para
una cosa que nada significa y que nadie entiende?
Quien descubre, por ejemplo, el olivo en un capitel
compuesto y no lo confunde con el acanto y los dos juntos
que la representa, con el arquitrabe, el friso y la
costosa cornisa superada de un ático, ¿no
sería mejor que lo gastado en ellos se diera
participación a las demás fachadas del
edificio y al interior mismo, para dar más unidad
al conjunto y más formalidad al edificio?
Lo que se opone a ello es el presupuesto. En el edificio
últimamente citado, a pesar de no poner limites
a su presupuesto, se procede en mezquino criterio de
no prolongar la canal de bronce de no usar los mármoles
por todo y usarlos como sistema de unidad decorativa
y constructiva, y es que la imposibilidad es manifiesta,
nada significa que todos los tesoros de Napoleón
III estuvieron a la disposición del arquitecto
Garnier desde el momento que las
construcciones andaban separadas de la decoración,
y hasta en contra de aquélla, siendo precisamente
un caso de conciencia el pretender realizar por los
mismos medios en que el deseo ha pretendido excederse.
Asimismo, el empeño ha de estar no solo en
hacer grandes proyectos, sino hacerlos realizables,
de aquí el punto principal de la cuestión:
hacer realizables los proyectos económicamente
hablando, y por consiguiente, atender a las condiciones
de producción de la actualidad.
Esto estabamos indagando comparativamente para reducir
las verdaderas necesidades y criterio, para deducir
el conjunto, para establecer el sistema de lineas o
dimensión dominante. Piramidales.
En el fondo, algunas ideas expresadas lo están
en los “Entretiens sur l’Architecture”,
pero no todo debe sujetarse a la necesidad, el problema,
creo es lo siguiente: para dar satisfacción al
objetivo artístico que requiere nuestra época,
es indispensable buscar medios más económicos
que los actuales para no ser raquíticos en nuestras
concepciones, sino que dispongamos de medios para que
con desahogo cumplir el objetivo estético moral.
Las formas expresadas con sencillez tienen mayor grandeza.
La multiplicación de molduras induce necesariamente
a la complicación de los motivos ornamentales.
Las molduras corridas roban a las distintas partes constitutivas
de un objeto su papel especial y por consiguiente la
estructura se presenta confusa, nacido de aquí
que cada objeto y cada uno de sus miembros deben tener
forma propia y adecuada, constituyendo esto, ya por
si solo, una ornamentación que se puede enriquecer
más o menos, según el carácter
que se trate de imprimir. Las formas derivadas de la
geometría dan gran distinción y claridad.
Cuando las formas son más perfectas, exigen
menos ornamentación, considerando como tal no
las ideas representativas por la estatuaria y relieve
que es un miembro necesario y no ornamentación,
como las formas egipcias y griegas y de la edad media
que no exigen tanta ornamentación como los derivados
del renacimiento y el mismo bizantino, o mejor, en los
estilos que no son originales y por lo tanto derivados
de otros, tiene gran importancia la ornamentación,
como el romano cargado de formas y esculturas y el barroco,
que en esto le deja muy atrás.
La imitación de estilos necesariamente ha de
llevar a una ornamentación superflua, los estilos
sencillos son los de buena estructura. La estructura
estética es en la que se explica la construcción
con sus variados recursos y fecundos problemas resueltos,
haciendo agradables los objetos por sí mismos,
es decir, que el objeto que se convierte en una entidad
y los cubiertos por ornamentos y sin estructura, solamente
se admiran por el coste, siendo mejor el más
cargado, al paso que en las otras ideas es el mas propio
y sencillo y como si dijéramos el más
noble.
La complicación en la ornamentación no
es sino un recurso pobre y costoso, que lo único
que logra es hacer indiferente el objeto, siendo preciso
acumular pequeñas ideas. Se hace soñoliento
y difuso el objeto.
Nuestros muebles e inmuebles exigen el cumplimiento
de una infinidad de condiciones que si se ponen en claro
de una manera adecuada y ordenada forma ya el fondo
de la ornamentación, pero en las formas de los
detalles o de los órganos, todavía es
más complicado el efecto de la complicación
de causas a que está sujeto y que las que vengan
a ser inconvenientes de disimular, se acumularán
o se modificarán, al objeto de alcanzar la unidad
dentro de la variedad y el contraste dentro la armonía.
A la escultura representativa o se le señala
plaza exprofeso o se la introduce en los órganos
menos importantes de la estructura, es decir, en los
órganos pasivos.
El contraste de lineas ha de nacer tenaz de ideas secundarias
auxiliares que lo motiven, esto es, la subordinación
al objeto principal y a su carácter.
En los plafones grandes y en el central, largo y estrecho,
el contraste entre las ideas del dicho central y los
laterales: el material es la plancha de hierro pulida
y contorneada, pudiendo usar como complemento el esmalte
negro; los objetos son sin relieve, por lo tanto los
representados igualmente deben serlo; las hojas de la
parte baja cumplen perfectamente con su objeto, son
planas y se adaptan a superficies que protegen y adornan,
el objeto ha sido representar un tapizado de la arrastradora
hiedra.
Qué cosa mas natural para completar el cuadro
ornamental que colocar en los plafones asuntos que tengan
alguna relación, veamos qué objeto puede
haber, en primer lugar; en el agreste campo, las escenas
de las costumbres de los animales y el hombre; los cuadrúpedos
de valor ornamental tienen el defecto en la ocasion
presente de su pesadez y volumen, solamente tiene aplicación
la ardilla, el hurón, y quien tiene mejores condiciones
actualmente son las aves, pero la estructura del material
no se aviene mucho en general,
sin embargo, las aceradas uñas de las de rapiña,
el encorvado pico y las puntiagudas alas magníficamente
pueden ser interpretadas, pero se opone a ello la escala
del objeto; en cuanto a los menores, no son sus grandes
cualidades la fuerza y la lucha, los insectos vienen
como las mariposas y las abejas bien para el plafón
central como a situación y material, los reptiles
se adaptarían a los plafones laterales, en especial
los dragones, los lagartos, las culebras (para el centro
los plegadeulls- de rostolls, los cavallets del rei,
la langosta),
pero tienen el inconveniente de la situación,
que es demasiado alta para el objeto propuesto, para
contrastar con los insectos enumerados es indispensable
darles un especial carácter a los plafones, debiendo
ser precisamente de la altura que en la atmósfera
campean los insectos aludidos, el gallo cumplirían
bien si no fuese su gran tamaño.
Ninguna idea sacada de la naturaleza viviente es muy
a propósito para contrastar, vémoslo en
lo inerte de las lineas y entrelazados, puede cumplir
con este objeto y aun ostentar alguna peregrina flor
o preciado fruto, los frutos, las pepitas de las leguminosas,
a los que se reconocen alguna ventaja en este sentido,
pero también un carácter muy rural, y
lo que se busca es que lo tengan agreste: la guinda
y el moral, el roble y el alcornoque, el laurel y el
olivo.
El moral, especialmente, se adapta al plafón
central, pudiendo entonces pasar los insectos a los
laterales, pero necesitan de una idea complementaria
que los absorbe en exceso, y que en definitiva serian
bastantes para todos los plafones, el moral frondoso,
por una parte con los plegadeus de rostolls o las abejas
para los grandes y cavallers del reí para el
centro, pero encuentro en falta los grandes plafones
laterales que entonces queden o repetidos o sin objeto
que tienda al conjunto, pero igualmente se puede usar
la caballera de viudas (falsillas), para complemento
para suprimir los plegadeus de rostolls y colocarlos
en los cajones si ha lugar puestos los tiradores.
Todo lo antecedente debe reducirse a la ínfima
expresión para que resulte claro e inteligible.
En definitiva, conviene el relieve para los plafones,
pero en plancha, dejando huecos en la parte inferior
y prestándose a la representación de una
lozana y fresca vegetación. También se
puede aplicar el motivo del pájaro fascinado
por la culebra, en los plafones laterales pequeños
y en la grande vegetación.
Sucede frecuentemente que las ideas al amalgamarías
entre si se empequeñecen y ofuscan. La sencillez
les da importancia.
Entre un entrelazado geométrico y dos motivos
naturales, son de mejor carácter los segundos
que el primero, pues distrae la simetría motivada
por la necesidad de la construcción, pero como
ha de haber el equilibrio de asunto y de masa por el
contraste de la idea, es necesario tal vez una zancuda
matando una víbora acuática.
Para la traviesa de los pies, una escena de reptiles
que el hombre tiende a hollar con su planta y las subyuga
bajo su poder.
No cabe duda se ha de hacer una ornamentación
basada en la manera nuestra de ser y que interesa lo
mismo a los sabios que a los que no lo son. Esta ornamentación
ha de estar conforme con la construcción, con
los materiales y con la economía.
La proporción, o sea la ley de relación
de las partes con, el todo y cada una con las demás,
podemos y estamos en el caso de precisarla y no divagar,
el estudiar la naturaleza nos puede dar cierta intuición,
pero el estudio de los adelantos y los materiales imprimen
un carácter especial y propio en cada edad y
en cada edificio.
Los sustentantes de sillería tienen y han tenido
siempre una relación entre la base y su altura,
y de los limites superior e inferior no se ha traspasado
en los templos florecientes del arte, entre los griegos
se fija en el Partenón y en el Erecteo, en los
siglos medios en las catedrales, que también
se hallan comprendidos entre estos limites, edificándose
cuando se traspasa la obra de pesado o débil
y raquítica relativamente.
Las columnas de N. S. de Paris no bajan del diámetro
y las de Santa Maria del Mar no traspasan de los limites
fijados.
Imprescindiblemente los soportes aislados de hierro
están llamados a jugar un gran papel y tenemos
medios para determinar la relación susodicha,
las fórmulas de Love o Okinson. Los dinteles
importantes realmente también han conservado
una relación de una longitud de tres veces la
altura y de seis a siete veces los mas débiles.
También tenemos fórmulas para fijar los
de hierro.
Cuando los soportes no han sido columnas, sino muros,
entonces la relación no ha cambiado tampoco,
pero se ha tenido en cuenta los usos independientes
del propio peso y carga vertical.
Los muros que contrarrestan empujes y que no sostienen
ningún peso, se han hecho mucho más delgados,
pero en este caso no han de contrarrestar carga vertical
y por lo tanto no hacen función de soportes.
Simplificando los elementos constructivos, se tiene
mucho adelantado para la buena relación de los
miembros, entonces no se introducen elementos que perjudiquen
y por consiguiente se evita encontrarse en el caso de
tener que sobrepujar obstáculos, que no se tienen
elementos para ello.
La relación entre el sustentante y el sostenido
respecto a la altura, en el caso de la construcción
más simple, está ya fijado.
Motivos independientes. La Historia, la Naturaleza
y la Geometría.
Procedencia de la naturaleza para la estructura según
la función que desempeña cada uno de los
órganos del cuerpo de la construcción.
Las casas consistoriales, por ejemplo, son la administración
municipal como cumplimiento de necesidades, la entidad
histórica y perpetua como representación,
y el sitio en que a los ciudadanos se les protegen sus
derechos y se les imponen sus deberes. Las necesidades
materiales y el carácter moral y los materiales
producen el alzado, pero no en absoluto, sino que participan
uno y otro de este objeto como constituyendo parte de
un tono, y como precisamente el objeto es hacer el edificio
y no las plantas y alzados, al estudiarlo en la planta
se verán en su mayor parte los movimientos y
necesidades que se rectificarán en el alzado.
Dos tendencias hay en la representación de la
naturaleza, una arcaica y griega que no prescinde del
color sino que introduce este en gran parte en la formación
del carácter y la otra tendencia, que se adapta
al color propio del material y cuyas formas son esencialmente
las propias de la naturaleza.
En la primera tendencia la forma es más elegante,
más distinguida y la animación del color
le da gran realce.
En la segunda la monocromía queda compensada
por los detalles minuciosos y rebuscados que, sin embargo,
no quedan acabados completamente. La naturaleza no queda
representada en concepto sino que el material domina
de una manera desarmónica y parece sentir lástima
de que tal personaje se haya petrificado. Los trozos
mejor acabados de esta tendencia son fríos siempre,
pero son verdaderamente inteligibles a primera vista
y para todos.
La primera idea es todo un sistema lógico y
fecundo con consecuencias.
La segunda es vacilante y aislada para buscar un objetivo.
Indudablemente, en la actualidad de la misma manera
se estudia un cuadro que una estatua, cosas tan completamente
distintas, la estatua no es un momento de una acción,
es la acción entera y compendiada.
Los asuntos de la escultura deben ser propios y adecuados
para ser tratados por este sistema, así vemos
que en los grupos griegos son abundantes los Leocontes
y Niobes. Los bajos relieves todos son compuestos de
colectividades, en lo que se refiere a la estatuaria
aplicada a los monumentos es constante este hecho y
realmente era el medio de representar escenas, y hacerlo
de una manera corpórea, no conociéndose,
como sucedía, la perspectiva y los elementos
de la pintura moderna. La estatuaria realmente no cumple
sino el objeto de contrarrestar impunemente la acción
del tiempo y la intemperie; en un interior, o bien es
odiosa la representación de escenas o es mucho
más propio representarlos por medio de la pintura.
En el exterior el medio más a propósito
es la escultura en materiales duros, consistentes y
de larga duración.
La rigidez del concepto no admite estas formas en los
interiores y realmente todos los interiores están
en contra para la escultura interior, la luz deforma
a los objetos interiores, la luz reflejada interiormente
produce sombras allí donde deben campear los
claros, es decir, presentando el efecto de trasluz en
un grabado al hueco y da un aspecto con un escultor
sobre la plaza que se le señala interiormente
si es a propósito para su escultura e inmediatamente
os dice que la luz no le viene bien. Únicamente
puede admitirse la escultura interior sumamente reducida
de escala para tenerla muy cerca y cerciorarse casi
con el tacto de la verdadera forma
A los monumentos griegos, las condiciones interiores
de los templos los asimilaban respecto a este punto
con el exterior. En la edad media realmente no constituye
la pintura un elemento de escenografía y paisaje,
es decir hacernos ver la escena tal como se presenta
en su debido tiempo; por eso es esencialmente histórico
el carácter de la pintura moderna.
La escultura exterior es esencialisima porque con el
claroscuro da gran vigor al dibujo y compite con la
propia naturaleza. Y la luz velada interior se adapta
magníficamente a la pintura con la luz propia
y especial del cuadro, pero siempre que no encontremos
con unas condiciones de luz cenital intensa será
aplicable la escultura.
De lo que se acaba de indicar se desprende que la Escultura
puede ser adherida al edificio y fuera de él.
Cuando se adhiere al edificio es indispensable colocarla
en condiciones de una buena visualidad y categoría,
de lo contrario es superfluo y mal acondicionado, conspirando
contra el conjunto y degrada el objeto si para buscar
una silueta no se coloca en sitio preferente. La estatuaria
puede ser aislada y en bajos relieves. Los nichos son
de desgraciado efecto, absorben el grueso de la pared,
debilitándolo y la estatua sólo es perceptible
por un lado y tiene un cuerpo estrecho, el cual puede
campear en los arcos de las galerías, en partes
donde se les proteja de la lluvia.
El relieve tiene tal vez mejores condiciones que la
estatuaria para campear en nuestros edificios, pero
sin perspectiva. La composición sencilla
y relieve considerable casi, enteras las figuras u objetos,
ésta es realmente la manera de representar nuestras
individualidades célebres, con la inscripción
aclaratoria.
El relieve se ha hecho de menores dimensiones que el
natural, pero precisamente el hacerlo mayor daría
gran novedad y grandioso conjunto.
El relieve, si no es muy pronunciado exige la colaboracion
del fondo. Gran ventaja.
La composición deber ser sencilla y escogida
con gran tino cuando las escenas son numerosas, para
obtener precisión, por esto la primera condición
es la suma parquedad en la composición y disposición
de la escena. Los bajos relieves no dicen nada cuando
el movimiento del plano se acentúa muy poco,
la indecisión da muestra de la poca necesidad
que hay en tal ornamentación.
Los planos perspectivos en el relieve son inadmisibles,
la composición es eminentemente escultural y
por consiguiente es el desarrollo de una acción
o idea por medio de elementos, que no pueden de ninguna
manera afectar las circunstancias totales de la escena,
no disponiendo de medios para la imitación completa.
Los relieves egipcios dan una idea cabal de los hechos
y de los personajes, los de la India asimismo indican
también escenas historicas con una riqueza y
grandiosidad dignas de imitación, los relieves
griegos no revisten ya el carácter de originalidad
genial, sino que pierden la importancia ante las estatuas,
sin embargo, debió tenerla grande los relieves
que decoraban el pedestal de Minerva en comparación
de la cual no la tienen mucha los del Partenón
y los de Erecteo, a pesar de que unos y otros son de
una bella proporción.
En todos los tiempos la figura humana se ha puesto
de diferentes tamaños en un mismo monumento,
y es que no se ha tendido a la imitación, sino
a la representación de una acción o idea.
Los relieves no crean ni describen lineas que puedan
perjudicar la construcción, sino que la valoran
y se adaptan a ella sin perjudicarla.
Para los monumentos se presta como composición
de grupo escultórico y por consiguiente ayuda
a la inteligencia de los conmemorativos.
Muchas veces los relieves son menos preferidos que
las estatuas porque se dice que éstas dan siluetas,
interrumpen lineas continuas. Realmente, tales ideas
no son más que ilusiones; si una linea es demasiado
larga, entonces es preciso acortaría puesto que
tal defecto no desaparece por una idea que ofusca en
el primer momento lo inconveniente y poco adaptable.
La verdadera silueta nace de la propia estructura del
monumento, lo demás son puerilidades; si nos
cautivan las agujas ojivales hemos de comprender que
son hijas de una estructura que las requiere para el
uso en sitios determinados, si en los ángulos
y crestas del frontón hay objetos, las piedras
o bloques los requieren para su estabilidad. Todo tiene
su razón positiva y si una línea repugna
a nuestra intuición es que realmente no está
bien ni obramos al trazaría en virtud de poderosas
razones.
Las estatuas de los monumentos que son completamente
aislados deben de ser de una exigente importancia, deben
encarnar ideas muy principales que hayan motivado la
elección de monumento, por lo que es preciso
dar una verdadera definición del relieve.
El relieve varia desde la sencilla hoja recortada en
un campo escultural a la figura completamente relevada
y desprendida del campo escultórico pero arrimado
a él y protegido por un voladizo de la importancia
de la propia figura. Los frontones griegos, las estatuas
que los decoraban, pueden ser tenidas como relieves,
asimismo la imaginería de las puertas de las
catedrales, que a pesar de ser estatuas aisladas eran
cobijadas por los doseletes, es decir, que este es el
gran medio para ligar el edificio con la escultura y
producir la unidad de conjunto.
La estatua aislada sólo se ha colocado en los
buenos tiempos del arte, escasamente en los edificios
públicos y particulares. Los templos griegos
no tenían más que la divinidad, en la
edad media tampoco fue muy prodigada, sólo la
Virgen y los ángeles en los interiores se pusieron
aislados y aún con gran parsimonia. Cuando se
prodigó mucho esta costumbre fue en el imperio
romano, con las estatuas despojos de los templos griegos
y del Egipto, en el Barroquismo y actualmente que queremos
aparentar despojos que no existen.
De las muchas estatuas griegas que poseemos no podemos
colegir el sitio que ocupaban en su destino primero,
pero indudablemente que los motivos contendrían,
y también de las aisladas, de las que hablaremos
luego, pero real y positivamente no tenían nada
que ver con los edificios, constituyendo un objeto independiente
y acabado.
Las estatuas conmemorativas a los héroes y personajes
que no exigían templo, campea en ellos la más
sencilla forma y colocación. Su posición
no era exageradamente alta, como ahora, que se convierte
en remate y como si dijéramos cuerpo del pedestal,
sino que campeaba la figura como a masa, y en prueba
de ello es que tenemos que este buen punto de vista,
es más alto que la propia estatua en el gladiador
o en el esclavo moribundo.
Es realmente ridículo que encima de un enorme
pedestal venga a colocarnos una muestra de estatua raquítica.
Si se quiere elevarlos y ponerlo fuera del nivel de
las gentes desde la proporción requerida, ¿no
perderían como escultura, por ejemplo las estatuas
dichas del monte Cabal-lo puesta a una altura de 10
ó 12 metros? El Laoconte y todas las estatuas
griegas, cuánto perderían puestas a una
altura de 5 ó 6 metros, pues si se quiere sean
vistas de lejos, en buena hora déseles dimensiones
y sino póngaseles en estado de una buena visualidad,
y entonces los escultores tomarían a empeño
el hacer siempre, cuando se trate de representación
de nuestros personajes, un trazado con una actitud que
se adapte a todos, entonces para cada personaje encontrarán
su actitud propia e individual y desaparecerá
esta monotonía de posición y de recursos.
Se trata por ejemplo, de un militar y se le quiere
poner cabalgando. En buena hora hágase de formas
y dimensiones convenientes, de gran talla, no desmesuradamente
elevado, ni haciendo equilibrios el caballo encima de
un estrecho pedestal; póngasele una base grande,
desahogada; hágase la figura grande según
el punto de vista, que sea perceptible del punto más
distante y después rodéese esta estatua
de jardín de pequeña vegetación,
terrado si se quiere, y la personalidad estará
conforme con su efigie. Será un hombre porque
no se separa de su nivel, pero será grande y
distinguido ¿mulo de los futuros que deben seguir.
Si el hombre es civil, en buena hora hecha su imagen
de gran tamaño se adaptará a estar sentado
en actitud tranquila cual conviene a un hombre que pudiéramos
llamar, desde luego, de letras y con esta sola idea
se comprenderá el campo que se abre para hallar
una forma y posición estéticas y grandiosas,
digna y conveniente.
Tal vez los medios propuestos se dirá son costosos,
en buena hora hágase según los medios
un monumento conmemorativo, que nada haya superfluo
y para que se vea, que no es imposible, puede hacerse
un monumento que sea tan sólo una tabla de piedra
con una inscripción, una combinación de
piedras y metales en el que pueda entrar el relieve
en su más humilde expresión y en una parquedad
muy clara y precisa, entonces los recursos, las ideas
complementarias y propias cumplirán mejor que
la raquítica estatua que el migrado busto.
Cuando los personajes entren a formar parte de un concepto
general en un edificio concreto, cuando se agrupan en
las casas consistoriales sus más preclaros hijos,
en una universidad sus lumbreras científicas,
en un concurso los sacerdotes de la palabra, entonces
la forma más aceptable, propia, inteligible,
adaptada a la unidad es lo que hemos calificado de relieve.
Quedan expuestos los medios para la representación
de escenas históricas, pero también hay
objetos cuyo valor es incontrastable, y sin embargo
no son representación del hombre o animales,
sino que van comprendidos en la denominación
de signos, inscripciones y objetos, indumentarias. Signos,
emblemas, empresas, blasones, marcas, iniciales, cifras,
etcétera, son de una importancia que indican
casi todos la propiedad o la procedencia. La manera
de tomarlos como ornamentación es cada caso particular,
hay medios para imprimir, como vulgarmente se dice,
el sello. Es indispensable darle plaza en sitio conveniente
según el objeto, como los escudos, de los que
modernamente se ha hecho tal uso que casi han degenerado
en el abuso. Sin embargo, es un bello medio de ornamentación.
Las inscripciones tienen por objeto el despertar ideas
con la lectura, perdido como si dijéramos, cual
la gota del rocio entre el verde césped, eso
las inteligibles. Los árabes son realmente los
que han sacado mejor partido del dicho sistema, las
leyendas se ven integras, las sentencias repetidas,
pero quedan en exhibición para que no se vean
de pronto sino perdidas en el follaje. El gran desarrollo
árabe que se ha dado a las inscripciones merece
un estudio especial de la composición y estilo
de la inscripción.
La inscripción se adapta bien cuando hay gran
número de lineas en la decoración, por
lo que dado nuestro modo de ser, su aplicación
más directa está en la decoración
pintada, por ejemplo la pintura en la ilustración
de la leyenda o bien en papeles pintados desarrollar
una serie de leyendas, baladas, etc. La
balada de Mallorca, cada uno en sus versos pintados
en el plano vertical de una viga y su sucesión
produciendo el conjunto de la balada. Aspecto moralizador
que puede tener la cuestión, en apoyo de esto
las inscripciones de las armaduras de las basílicas
y de las primitivas iglesias.
De manera que, desde la leyenda fábula, historia,
máximas morales, higiénicas, de administración,
pueden ser aplicadas en la ornamentación y el
sitio más a propósito son la vida y paredes
adoptados la forma propia según el caso que se
aplique. Igualmente puede usarse en el pavimento, pero
entonces corta, como el cave canem de los romanos. Pero
no prodigarlas de tal modo que se hagan monótonas,
es decir, que se cumpla el precepto de “amore
delectando periterque monendo”, la concisión
debe ser absoluta, recopiladora, clara de ideas generalizadoras.
Indumentaria, utensilios y armas que recuerdan un asunto
histórico y los rostros romanos del foro.
La distancia y el punto de vista.
Indudablemente, la distancia a la que se ha de ver
un objeto implica un modo de composición adecuado
al caso.
En los templos griegos, vistos a distancia, la estructura
del dibujo para que sea clara es cortada y precisa,
los elementos son sencillos, sin entrelazo y recortados,
sin claroscuro, la distancia era realmente considerable
y la iluminación vigorosa la aplicaba en sí
la coloración fuerte.
En el Erecteo y los templos jónicos pequeños,
al contrario, su ornamentación ya tiene el claroscuro,
la superposición de hojas en los talones del
entablamento y las antas y las puertas de entrada a
la calle; las cariátides todavía tienen
mayor claroscuro, la naturaleza campea más exacta.
Los romanos, que sus foros y templos se montaban en
una plaza mezquina y de un punto de vista muy próximo,
el claro oscuro se avenía mejor que la severidad
dórica, pero la grandiosidad griega la llevaron
al estilo corintio y compuesto y realmente en los interiores
de las salas de las termas se hubiesen avenido mal las
formas grandiosas y rígidamente severas y cuyos
colores brillantes hubiesen producido habitaciones lóbregas
y oscuras. Convenía más en los interiores
las estatuas más vulgarizadas, digámoslo
así, las planchas de cobre recubriendo la bóveda
y ellas mismas recubriéndose de escultura. En
la edad media, igualmente, los puntos de vista poco
distantes influyen en hacer los objetos más naturalizados,
la desaparición de la materia se hace por molduras
aisladas por las partes distantes, como las torres las
formas geométricas impera la rigidez, en eso
es marcada, lo mismo que en los dibujos griegos.
Actualmente nos encontramos otra vez con puntos de
vista distantes, y distancias de consideración,
y naturalmente, no podemos desentendernos de la claridad
resultante de ciertas formas convencionales.
(Los vidrios pintados y las policromías de los
interiores de las iglesias).
Lo que no es decir que no presida una ley y unidad
de concepción en los motivos.
Método para la buena realización
de un proyecto.
Estudio en general de la cuestión como principio
de forma. Fijación de ideas más concretas
sobre el asunto con los croquis sin escala, y en la
solución adoptada sujetarlo a una escala diminuta
para solventar las dificultades, detalles en mayor escala,
otra vez estudio en mayor escala y últimamente
ejecución de detalles al natural y sujeción
del modelo.
Constituyen cinco partes, y el modelo o realización.
Primeros estudios. Necesidades morales y material extra
construcciones, indicación ligera del material.
Segundo. Fijación de los materiales y sistema
constructivo.
Tercero. Detalles separados, motivos ornamentales y
estudio de la construcción propiamente dicha.
Cuarto. Estudio de conjunto y unificación, que
es la que sirve para la presentación a los profanos,
corrección de lo anterior y corte y medios de
realización.
Quinto. Detalles al natural para fijar decididamente
y sin vacilaciones la ejecución.
Sexto. Realización.
1º Conocimiento perfecto de las necesidades y
casos análogos, cualidades y defectos, examen
de la idea inicial que se presente, ajustándolo
a ideas admitidas indiscutibles que resulten.
2.º Materiales y sistemas constructivos.
3º Medios de realización en grandes detalles.
4º Unificación y simplificación.
5º Detalle en todas y cada una de las partes,
uniones, ensamblajes, dimensiones y bultos y cortes.
6º Solución de las dificultades del último
número.
Conocimiento del objeto. Croquis sin escala.
Dado el punto, es preciso conocerlo y estudiarlo después.
Purgarlo de lo superfluo y precisado del todo con sus
dificultades o inconvenientes, se procederá a
ensayar la aplicación de la forma a la idea,
tendiendo siempre a una forma simplificada, pero dando
satisfacción a la concepción artística
y no soltarlo hasta haber solventado todos los inconvenientes
de construcción, forma, planta, conveniencias,
etc.
Los medios más a propósito para sacar
buenos resultados y ver con bastante precisión
la forma, es el dibujo al lápiz o al carbón,
tinta u otros medios, pero dándole siempre el
sombreado.
Si el proyecto es de importancia, de planta, se empezará
por ella, y cuando se hayan vencido todas las dificultades,
se procederá al corte y después a la fachada.
Luego después cada una de las partes enunciadas
se tratarán por los números que siguen,
es decir, tanteando el conjunto de la decoración,
tomando tan sólo de la planta las dimensiones
y el alzado el que se crea oportuno.
La grande iglesia.
Cúpulas-Pinturas. Para la iluminación
alrededor de la cúpula o cúpulas, una
corona de grandes ventanales tapados con láminas
de alabastro grabadas al hueco con asuntos decorativos
y representativos y en los bordes prismas de cristal
que descomponiendo la luz viniesen a reflejarla con
mil cambiantes.
Esto necesita madurarse, y no está más
que en embrión.
Las pinturas, para que tengan su diafanidad y limpieza,
es preciso que si son a distancia, sus perfiles sean
recortados, y las medias tintas y las degradaciones
sean causadas más por medio de las irradaciones
de distintos tonos, que por un tono hecho exprofeso.
A medida que los puntos se acercan, entonces se puede
emplear más la imitación de la naturaleza.
Estudiados los motivos de ornamentación, hay
dos escollos en ellos. Una tendencia hacia el natural
y por consiguiente pierde su sencillez la idea expresada
y por otra parte un convencionalismo que ofusca la idea.
Si se pudiese encontrar un sistema en el que la idea
de la naturaleza pudiese descarnaría de todo
lo superfluo, o mejor, si así como para un ser
vivo es indispensable todo un organismo para la vida,
para la representación de este ser vivo basta
una forma simplificada, es decir, que no se trata de
llevar la fotografía del objeto, sino su forma
sintética.
La estatuaria moderna ha partido de un principio que
descansa en el estudio del natural, sorprendiéndolo
y fotografiándolo, pero esto necesariamente induce,
1º el objeto para ser completo debe reunir no sólo
la forma, sino el color y cuando esto tenga, entonces
le falta el movimiento y luego la sensibilidad y la
vida, por lo que el mejor objetivo de este caso es la
escenografía y no la escultura ornamental, y,
2º que a un ente o ser, al ponerse en escena deben
acompañarle todos los accesorios de la escena,
de lo contrario no es más que una creación
exótica arrancada del mundo donde residía
y está penando para volver, llevando además
la ornamentación que no es más que un
medio para instruir deleitando y esclavice la satisfacción
de las necesidades morales y materiales de un edificio.
Definamos y hagámonos
cargo de qué es la ornamentación.
La ornamentación es un medio por el cual se
reviste de ciertas cualidades de forma a un objeto,
para infundirle un carácter premeditado, haciendo
en unos casos desaparecer las masas para llegar a un
resultado espiritual y otras acentuándolas para
hacer sentir la naturaleza con toda su rudeza y sencillez.
Los resultados de esto son varios según la magnitud,
los materiales, el color, etc. Indudablemente, la sintetización
de una idea constituye el fondo omamental. En aquellos
tiempos los huevos, hojas acuáticas, las sartas
de perlas, etc., tenían un significado que no
conocemos hoy bastante, y no creo que fuesen puro capricho
trivial el poner en nuestras catedrales los vegetales
de las huertas, y efectivamente creo que poner los medios
que Dios pone a nuestra disposición para sustentamos
y alimentamos es un modo de graciar la presencia de
estos dones.
Pero esto, perdido entre la profusión de lineas
y calados, que la importancia no la tiene mayor que
la que representan tales vegetales en la naturaleza.
Esto es vago en general, pero es el único lenguaje
que puede hablar la arquitectura.
Al escoger un asunto para representarlo, es indudablemente
por el interés que inspira, ahora bien, si encontramos
un medio para hacer patente la cualidad que nos interesa,
haremos el asunto simpático a los ojos de todos.
Los medios que para ello tenemos más la supresión
de las cualidades o accidentes que no nos interesan,
la acentuación de las cualidades o accidentes
que nos han hecho interesar, sean estas cualidades o
accidentes expresados por órganos cuya forma
y color venimos a realzar para hacer más claro
el concepto.
Las cualidades de fuerza y actividad interesaban a
los griegos, éstas se traducen en formas atléticas
y robustas y en el color propio de la superabundante
vida, por los frontones; las metopas estaban llenas
de estas figuras, cuya forma y color tanto nos seduce.
Por el contrario, las cualidades morales interesaron
a la sociedad cristiana desde la Edad media y por esto
la expresión se sobrepuso a la forma, ésta
es secundaria y con grande empeño ocultada bajo
los pliegues de los ropajes; el desnudo se usa escasamente
y aún de manera que ayuda sumamente a la expresión.
El Cristo Crucificado con sus carnes escuálidas
expresa lo que debió padecer en su muerte y pasión,
pero qué expresión y verdad en el rostro,
el miembro más importante para la expresión,
no en balde se le ha llamado el espejo del alma;
no sucede así en las esculturas griegas, en
las que la expresión es tranquila y no traspasa
nunca los límites de la regularidad de los órganos,
el Laoconte y sus hijos, su expresión es desesperante
sin duda, pero no aterroriza cuál debió
ser al ocurrir tal escena, sino que se halla templada
y deja percibir los contornos bellísimos de aquellos
héroes.
Es innegable que el recuerdo de un objeto lo tenemos
instintivamente poetizado, ensanchamos sus grados de
belleza, si la impresión que nos produjo fue
agradable, su recuerdo nos lo presenta mil veces más
agradable, si fue terrorífico, la sola idea de
reminiscencia ya nos espanta. Para gozar, pues, de estas
cualidades es preciso conocer el objeto, y en este caso
el recuerdo nos hace ver el objeto más bello
y además, si acentuamos las cualidades por el
cual nos ha parecido tan agradable, indudablemente que
la impresión no menguará de la idea del
recuerdo, puesto que comparativamente habrán
subido reduciendo las demás a cero.
Las formas griegas adquirían nuevo realce por
la templada expresión y parsimonia de movimientos,
y efectivamente, lo que pierde de gracia la fisonomía
mucho lo saben ciertas mujeres, que cuando ríen
se tapan la cara con el abanico o pañuelo, cosa
que adquiría la expresión cristiana, nadie
lo dudase, tapando las formas del cuerpo con el ropaje,
es decir, que la belleza de la forma es, digámosio
así, la poesía de ciertas ideas que se
reflejan exactamente en la forma que contemplamos, de
manera que para que haya recuerdo poético, es
preciso haber conocido antes el objeto y por lo tanto,
conocer lo que se quiera representar para que la representación
produzca su efecto, y sin embargo se dira como se reproducen
objetos que no se conocen y personajes cuyos antecedentes
no se comprenden?
Por ventura no nos encontramos a cada paso con la mitología,
pero atiéndase el efecto frío que causa
al público, y simplemente interesa a los individuos
que lo han hecho y sus íntimos amigos de taller
y es porque en primer lugar conocen ellos el asunto
y después que aquí se hace gala de llegar
a los resultados que otros obtuvieron, es decir, más
que una competencia, un recuerdo de formas de los objetos
de otros tiempos, cosas que por cierto no pueden interesar
a nadie, en tales asuntos.
Escogida la idea para traducirla en una parte de la
construcción, en que deban concurrir las circunstancias
siguientes: que no esté en contradicción
con el objeto principal, que el contraste con aquél
sea a propósito o bien parte aclaratoria del
objeto representado, que se preste a reproducirlo con
el material de que se pretenda hacerlo, y que este mismo
material esté en consonancia con las circunstancias
de la misma manera que lo está el objeto con
los que le rodean, y que las formas generales de lineas
sean contrastadas con las que le rodean.
El motivo del centro del Plafón de mi mesa se
ha de tener en cuenta que es como una de las hojas de
un álbum en la que se desea un objeto que interesa
por su asunto y forma.
El plafón es de madera de cedro, y por consiguiente
de un rojo amarillento, el material ornamental es el
hierro batido. La manera de formular el motivo es el
siguiente, cogido como idea que se encuentra adaptable
con los materiales, es la vegetación, encima
la tierra y las escenas de los animales que en ella
residen, que tenemos en la naturaleza.
Es común y de gran efecto el encontrar un pequeño
estanque que críe las flores, y para coger una
forma supongamos que el agua se representa por dos lineas
horizontales, esto es, el nivel del agua, y que dos
hojas de boye torcidas se inclinan al agua, y después
por encima de las horizontales campean las hojas que
salen a la superficie del agua en cuyo intermedio un
“caballet del rei” se pasea.
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