|
http://usuarios.lycos.es/pacolorente/TeatrosRomanos/Conjunto.htm
CAPITULO III
Cómo se debe construir un teatro para que su
situación sea saludable
Una vez elegido el lugar en que haya de hacerse la
plaza pública, es preciso escoger el sitio más
sano posible para edificar el teatro, donde se celebren
los espectáculos en las festividades de los dioses
inmortales, ateniéndose en lo que se refiere
a salubridad a las reglas consignadas en el Libro Primero,
al hablar del asentamiento de las ciudades.
Porque los espectadores, que con sus mujeres e hijos
permanecen sentados todo el tiempo que dura el espectáculo,
cautivados por el interés e inmovilizados por
el gusto de la representación, a causa de la
quietud, tienen todos los poros de su cuerpo abiertos,
y en ellos insensiblemente penetra el aire; y si éste
viene de lugares pantanosos, o por cualquiera otra causa
viciados, infundirá en los cuerpos emanaciones
perjudiciales. Estos daños se evitarán
si se tiene un gran cuidado en escoger para el teatro
un lugar adecuado. Además, es preciso que no
sufra los ardores de los vientos del Mediodía;
porque cuando los rayos del Sol llenan el ambiente del
local, el aire encerrado en aquella órbita, no
teniendo libertad para circular, se calienta muchísimo
y con su ardor abrasa, recuece y absorbe la humedad
de los cuerpos. Por eso se ha de huir especialmente
de la orientación a lugares viciados y se ha
de escoger la de aires saludables.
La estructura de los cimientos será fácil,
si el edificio hubiera de construirse al pie de un monte;
pero si la necesidad obligase a construirlo en un sitio
llano o pantanoso, no será posible hacer una
cimentación sólida, sino ateniéndose
a las reglas dadas en el Libro Tercero a propósito
de los cimientos de los templos.
Sobre los cimientos se han de hacer a partir del nivel
del suelo escalones de piedra o de mármol. Los
ánditos deben hacerse en proporción con
la altura del teatro; pero no más altos que la
anchura que debe tener el camino del ándito;
pues, en efecto, si fuesen más altos, harían
que las voces repercutieran y fuesen rechazadas desde
la parte superior, y en los últimos asientos,
que están sobre los ánditos, impedirían
que las últimas sílabas de las palabras
llegasen netamente a oídos de los asistentes.
En suma, la estructura debe estar regulada de tal modo
que un cordel extendido desde el ándito de la
grada ínfima a la última toque las cimas
y ángulos de todas las gradas; con este procedimiento
la voz no encontrará obstáculos y no quedará
ahogada.
Precísase además distribuir muchos y espaciosos
accesos y no hacer los superiores unidos a los inferiores,
sino todos ellos seguidos, rectos y sin recodos, a fin
de que cuando, terminado el espectáculo, los
asistentes hayan de salir, no se aprieten unos contra
otros, sino que haya desde todas partes salidas independientes
y expeditas.
Además, habrá de procurarse con el mayor
cuidado que el lugar no resulte sordo, sino que, por
el contrario, las voces se perciban en él con
gran claridad, lo que se conseguirá eligiendo
un lugar en donde no se encuentren obstáculos
por resonancia. Pues la voz es una corriente de aire
que fluye y que llega con claridad al oído por
la repercusión del aire y se difunde por infinitas
ondas circulares, del mismo modo que, cuando se arroja
una piedra en un estanque, son innumerables los círculos
que se forman en el agua y que se van haciendo más
amplios a medida que alejándose del centro se
van extendiendo hasta extinguirse en círculos
cada vez mayores, si no lo impide o la limita ción
del lugar u otro obstáculo. Mas si por alguno,
de estos u otros motivos son detenidas las primeras
ondas, éstas refluyen y a su vez detienen y perturban
la marcha ordenada de las que las siguen, de la misma
manera la voz se propaga también por movimientos
circulares, pero, además, se va gradualmente
elevando en altura. Por consiguiente, lo que sucede
en el agua con la evolución de las ondas ocurre
con la voz: en tanto que no haya obstáculo alguno
que detenga a la primera onda, ésta no perturbará
a la segunda ni a las otras siguientes, sino que todas,
sin resonancia, llegarán igualmente a los oídos
de los que ocupan tanto los lugares más bajos
como los más altos.
Por eso los arquitectos antiguos, siguiendo las normas
de la Naturaleza y discurriendo sobre la propiedad ascensional
de la voz, hicieron graderías en los teatros
y buscaron por medio de reglas matemáticas y
con las proporciones musicales que cualquier vez llegase
desde la escena con la mayor claridad y suavidad a los
oídos de todos los espectadores. Porque de la
misma manera que los antiguos, en vista de la claridad
del sonido de las cuerdas, acordaron los instrumentos
sonoros de viento, de metal o de cuerno, de la misma
manera hicieron la distribución de los teatros
mediante las leyes de la ciencia armónica, con
miras a aumentar los efectos de la voz en los teatros.
.
|