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CAPÍTULO IV
De la armonía
La armonía es una doctrina musical obscura y
difícil, sobre todo para quienes desconocen la
lengua griega: por eso, si queremos ahora explicarla,
nos vernos precisados a servirnos de multitud de palabras
griegas, muchas de las cuales no tienen el equivalente
término latino. Así que procuraré
traducir lo más claro que me sea posible algo
de lo que dejó escrito Aristóxenes, e
incluso pondré aquÍ su diagrama y determinaré
las escalas de los sonidos, de tal suerte que los que
lo deseen, si prestan un poco de atención, puedan
entender fácilmente lo que voy a decir.
La voz, en efecto, cuando se quiebra pasando de un
tono a otro, unas veces se hace aguda y otras grave.
En un caso, su inflexión tiene efecto continuidad
en otros, de discontinuidad. La voz continuada no se
detiene ni en las finales ni en lugar alguno; así
forma cadencias no sensibles y solamente distintas por
medio de intervalos. Esto sucede cuando en la conversación
(1) decimos: sol, luz, flor, voz; voces en las que no
advertimos dónde empieza ni dónde acaba
el sonido, y sólo aparece al oído una
cosa: que el sonido ha pasado de agudo a grave o de
grave a agudo.
Todo lo contrario ocurre cuando la voz se mueve por
intervalos separados, o discontinuos, pues entonces
la voz tiene inflexiones diferentes; unas veces hace
pausa en la final de un sonido, y luego en la de otro,
y continuando esas detenciones en una y otra parte,
la percibimos movible, como ocurre en el canto, en que
la voz, mediante inflexiones, produce modulaciones diversas.
En efecto, cuando la voz recorre estos diferentes intervalos,
deja percibir fácilmente dónde principia
y dónde acaba, con las terminaciones discontinuas
de los sonidos; mientras que los sonídos de en
medio no resultan tan claros, por la supresión
de intervalos.
Tres son las clases de modulaciones: la primera, la
que los griegos llaman armonía; la segunda, cromo;
la tercera, diatonon. La modulación armónica
es una concepción artificial, y por eso su melodía
tiene una particular gravedad y una gran dignidad. La
cromática, por la gentileza y frecuencia de los
tonos, tiene mayor finura y produce mayor dulzura y
encanto. Finalmente, la diatónica, que es la
más natural, también es la más
fácil, a causa de las distancias de los intervalos.
Estos tres géneros forman tres diversas disposiciones
del tetracordo, porque el tetracordo armónico
se compone de un ditono y dos diesis. Ahora bien, la
diesis es la cuarta parte de un tono, y, por tanto,
dos dieses forman un semitono. En el cromático
hay dos semitonos seguidos, y el tercero es un intervalo
de tres semitonos. En el diatónico hay dos tonos
continuados, y un tercero, que es un semitono, termina
el intervalo del tetracordo.
Así todo tetracordo, en cada uno de los tres
géneros, viene a estar compuesto de dos tonos
y un semitono; pero los tetracordos, cuando se les considera
separadamente en los dominios de cada uno de los géneros,
ofrecen una limitación de intervalos desemejantes
porque la Naturaleza es la que ha escalonado en la voz
los intervalos de los tonos y semitonos y de los tetracordos;
ella es la que ha establecido y determinado los límites
de estos tetracordos en amplitud por las medidas de
los intervalos que abarcan, y los caracteres que los
califican los ha constituido con ayuda de intervalos
en relaciones determinadas para cada género.
Los artífices que fabrican instrumentos musicales,
sirviéndose de estas consonancias y sonidos establecidos
por la misma Naturaleza, consiguen hacerlos perfectos.
Los sonidos, que en griego se llaman ftongoi, son en
cada uno de los tres géneros dieciocho, de los
cuales hay en los tres géneros ocho que son invariables
y fijos; los otros diez restantes varían según
las modulaciones. Los sonidos fijos son aquellos que
colocados entre los móviles ligan un tetracordo
con otro y, no obstante las diferencias de género,
permanecen siempre invariables.
Sus nombres son: proslambanómeno, hypate hypaton,
hypate meson, mese nete synemmenon, paramese nete diezeugmenon
y nete hyperbolaeon.
Los móviles son aquellos que distribuidos en
todo tetracordo entre dos inmóviles cambian de
lugar según la diversidad de géneros y
de lugares. Sus nombres son: parhypate hypaton, lichanos
meson trite synemmebon, parhypate synemmenon, tríte
synemmenon, trite diezeugmenon, paranete diezeugmenon,
trite hyperbolaeon y paranete hyperbolaeon,
Estos sonidos, por el hecho de su desplazamiento, adquieren
propiedades diferentes ya que tienen intervalos y distancias
crecientes. En efecto, el parhypate, que en la armónica
dista del hypate la mitad de un medio tono, desplazado
en la cromática, tiene la distancia de un medio
tono.
El que en armónica se llama lichanos, dista
del hypate medio tono; llevado a la cromática,
se aleja dos medios tonos: en la diatónica se
aleja del hypate tres medios tonos, Así diez
sonidos, por efecto de sus desplazamientos, producen,
según los géneros, una triple variedad
de melodías.
Los tetracordos se cuentan en número de cinco.
El primero el más grave ? que en griego se llama
hipaton. El segundo intermediario ? que en griego se
denomina meson, El tercero ? conjunto? que se dice synemmenon,
El cuarto? disjunto ?que se llama diezeugmenon. El quinto?que
es el más agudo?se denomina en griego hyperbolaeon.
Los acordes que la naturaleza del hombre puede cantar
y que en griego se llaman synphonai, están en
número de seis: la cuarta, la quinta, la octava,
y la cuarta de la octava, la quinta de la octava y la
doble octava.
Estos acordes han recibido nombres numéricos
por razón de que cuando la voz se pone sobre
un grado de la escala de los sonidos y que a partir
de ahí inflexionándose, ha llegado al
cuarto grado, se dice que hay cuarta; si al quinto,
quinta. En efecto, cuando entre dos intervalos se produzca
un sonido de cuerdas o un canto de voz se habrá
hecho no sobre el tercer grado, ni sobre el sexto ni
sobre el séptimo, pues no puede haber en ellos
consonancia; pero, como he dejado escrito, la cuarta
y la quinta, y hasta la doble octava, corresponden,
según la naturaleza de la voz, a las limitaciones
de la asociación concordante. Y estos acordes
han procedido del acoplamiento de sonidos, que en griego
se llaman pthongoi.
(1) Este ejemplo de continuidad tomado de monosílabos,
es considerado como una glosa y no estaba en el texto.
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