|
http://usuarios.lycos.es/pacolorente/TeatrosRomanos/Conjunto.htm
CAPÍTULO V
De los vasos del teatro
Con arreglo a estos principios, por proporciones matemáticas
se hacen unos vasos de bronce en consonancia con la
magnitud del teatro. Se los fabrica de manera que cuando
se les golpea puedan emitir los sonidos de cuarta, quinta
y consecutivamente hasta la doble octava. Estos vasos
deben estar colocados en pequeñas celdillas entre
los asientos del teatro, de acuerdo con las reglas de
la proporción musical, y de modo que no toquen
ninguna pared y haya en derredor y encima de ellos un
espacio vacío. Es preciso también colocarlos
invertidos, y que por la parte que miran a la escena
queden elevados y sostenidos por unos fulcros que alcancen
una altura no menor de medio pie.
Estas celdillas deben tener en sus asientos bajo las
gradas unas aberturas de dos pies de largas y de medio
pie de anchas cada una. La disposición de los
vasos se determinará de la manera siguiente:
si el teatro no fuese muy grande, a la mitad de la altura
se dejarán abovedadas trece celdillas distantes
entre sí doce espacios iguales, y se colocarán
en las dos celdillas de los extremos los vasos que dan
el sonido de nete?hyperboleo; en las dos siguientes,
una por cada parte, los que den el sonido de la cuarta,
esto es, el nete?diezeugmenon; en las terceras, la cuarta,
que es el nete?parameso; en las cuartas, la nete?sinemmeno;
en las quintas, la diatessaron?ennese; en las sextas,
el ipar?enmese; y en la del centro, finalmente, uno,
que es el iparenipaton. Con tal procedimiento, la voz
que sale de la escena como de un centro, difundiéndose
en derredor por todas partes, irá a percutir
en las cavidades de cada uno de los vasos, y saldrá
con mayor claridad y armonía, ayudada por el
grupo de sonidos simultáneos de los vasos que
estén acordados con ella.
Pero si, por el contrario, la amplitud del teatro fuese
mayor, será menester entonces dividir toda la
altura en cuatro partes, de modo que se obtengan tres
regiones transversales de celdillas, de las cuales una
será para el género armónico, la
segunda para el cromático, y la tercera para
el diatónico. La serie de abajo, que será
la primera, servirá para les tonos armónicos,
según las reglas dadas antes para un teatro pequeño.
Luego, en la región de en medio, en los dos extremos
de la línea se colocan los vasos que dan el sonido
hiperboleocromático; en las segundas celdillas,
los vasos del diezeugmenocromático; en las terceras,
los del sinemmenocromático; en las cuartas, los
del mesocromático; en las quintas, los del hipocromático;
en las sextas, el del a .paramese, el cual se acordar'
con el hiperbóleocromático, que es su
quinta, y con el mesocromático, que es su cuarta.
En el orden de en medio no habrá necesidad de
colocar nada, porque en el género cromático
no puede tener consonancia de sinfonía o de acompañamiento.
En la última división y región
superior de las celdillas se colocarán vasos
acordados al diatónicohíperboleon; en
las segundas, los del diezeugmenondiatónico;
en las terceras, los del sinemmenondiatónico;
en las cuartas, los del mesodiatónico; en las
quintas, los del hipatodiatónico; en las sextas,
los del diatersaron?adproslambanomerion; en medio, el
mese, porque éste se acorda en consonancia de
octava con el proslambamomenon y el hipathondiatónico.
Ahora bien, si alguno quisiere profundizar más
en estas cosas, fíjese en la figura que al final
del libro va diseñada según las reglas
de la música, y es la que dejó Aristóxeno,
formada con gran saber e ingenio mediante la clasificación
de las melodías por géneros.
Entonces, el que con ayuda del diagrama ponga atención
a las explicaciones aquí consignadas, estará
en condiciones de realizar con bastante facilidad la
perfección de los teatros, según la naturaleza
de las voces, para encanto de los oyentes. Quizá
habrá alguno que diga que entre los numerosos
teatros que en Roma se erigen cada año no ha
habido ninguno en el que se pongan en práctica
estas reglas; pero eso seria equivocarse, pues todos
esos teatros públicos han sido hechos de madera
y tienen tantos entablamentos que por "razón
natural resultan sonoros.
Se puede colegir esto viendo cómo cuando los
actores quieren cantar o tafier en tonos más
altos se vuelven hacia los vanos de las puertas del
escenario y con su ayuda consíguen dar resonancia
a sus voces. En cambio, cuando los teatros están
construídos de cal y canto, de piedra o con mármoles,
materiales todos ellos sólidos y duros, que no
tienen resonancias, entonces es preciso recurrir a construirlos
con arreglo a las reglas que quedan dichas.
Si se me preguntase ahora en qué teatros se
han practicado estas reglas, diré que en Roma
no podemos mostrar ningún ejemplar; pero sí
en varias regiones de Italia y en muchas ciudades de
Grecia. Y además, tenemos como testigo a Lucio
Munmio, quien, después de haber desmantelado
el teatro de Corinto, transportó a Roma los vasos
de bronce que allí había y los consagró
al templo de la Luna como una parte del botín.
También añadiré que muchos hábiles
arquitectos, constructores de teatros en pequeñas
ciudades, que por límitación de sus recursos
no podían hacer grandes gastos, utilizaron vasijas
de barro cocido que, sonando como las de bronce y dispuestas
del modo que hemos dicho, daban efectos muy provechosos.
.
|