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Fabrica IV: La inclinación
de los muros
Artifex - © 2003-7
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(Miquel Ramis )
Al paseante más observador, no deja de
llamarle la atención la frecuente inclinación
de las fachadas antíguas, signo seguro
de su antiguedad y del paso del tiempo.
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| La forma tradicional de construcción
es empezar la casa con un muro de unos 80 cm como
mínimo, llegando incluso a 1 metro. Esta
impresionante solidez constatable al entrar en
la casa enmascara un detalle que pasa desapercibido
gracias a los forjados: el muro del segundo piso
ha sido "adelgazado" a unos 50-60 cm
y lo mismo sucede en el tercer piso, con unos
grosores de 30-40 cm.
El motivo es sencillo y doble: por un lado, no
hay necesidad de seguir manteniendo el impresionante
grosor de la pared ya que en los pisos superiores
el peso que deben soportar las paredes es menor.
Dicho de otra manera, el piso más alto
tiene las paredes que necesita para sostenerse.
En cada piso inferior se añade un grosor
extra para soportar el peso de los pisos superiores.
Por otra parte, se alivia la carga de trabajo
de tener que subir piedras y mortero a medida
que van creciendo las paredes.
En la construcción
con marés, está tipificado la
utilización de los distintos grosores para
las distintas alturas:Gruix d'emperador para el
primer piso, etc...
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Si analizamos los centros de gravedad de las
distintas paredes superpuestas, rápidamente
veremos que no están alineados: Los muros
contienen más material en el lado exterior. |
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La consecuencia lógica de este desequilibrio
es una tendencia a la rotación del muro. |
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Los constructores góticos naturalmente
eran muy conscientes de este problema, y desarrollaron
varias técnicas para solucionarlo:
1) El cimiento se hacía
más ancho en el lado de fuera, a fín
de que estuviera centrado con el centro de gravedad
real de la totalidad del muro.
2) Para reducir el desequilibrio, la fachada
exterior no era totalmente plana, sino que cada
piso estaba ligeramente retranqueado , lo que
provocaba un problema estético...
...resuelto habilmente con la colocación
de molduras, que camuflaban completamente esta
falta de planimetría.
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Aún así, los muros se han seguido
inclinando, por lo que debe de haber más
culpables.
El primer sospechoso son las vigas inclinadas
del último piso, tambien descargando empuje
hacia el muro más bajo, que casualmente
es el menos indicado para soportar empujes laterales,
ya que es el mas delgado...
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El segundo es el menos visible: el agua. En
períodos en los que la casa ha estado abandonada
o falta de mantenimiento ( guerras, problemas
económicos, ausencias...) una gotera permite
al agua de lluvia mojar la pared por el único
punto en donde no está protegida por el
cemento hidráulico de la fachada: por arriba.
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El tercero es más invisible aún:
el agua de lluvia que baña la calle y se
cuela entre los adoquines, provocando un asiento
en el lado exterior del muro. Este problema no
era tan grave en época medieval, ya que
la humedad se podía ventilar entre las
juntas. En cambio, con el moderno asfaltado de
las calles, la humedad tiene muchas dificultades
para evaporarse, y por tanto busca otras vias
de salida: ascendiendo por capilaridad por los
muros.
Ver página correspondiente.
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Cuando la inclinación resulta preocupante,
los maestros de obra utilizan un nuevo elemento
arquitectónico: las rafas.
Ver página correspondiente |
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