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Fabrica IV: La inclinación de los muros
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(Miquel Ramis )

 

 

Al paseante más observador, no deja de llamarle la atención la frecuente inclinación de las fachadas antíguas, signo seguro de su antiguedad y del paso del tiempo.

 

 

La forma tradicional de construcción es empezar la casa con un muro de unos 80 cm como mínimo, llegando incluso a 1 metro. Esta impresionante solidez constatable al entrar en la casa enmascara un detalle que pasa desapercibido gracias a los forjados: el muro del segundo piso ha sido "adelgazado" a unos 50-60 cm y lo mismo sucede en el tercer piso, con unos grosores de 30-40 cm.

El motivo es sencillo y doble: por un lado, no hay necesidad de seguir manteniendo el impresionante grosor de la pared ya que en los pisos superiores el peso que deben soportar las paredes es menor. Dicho de otra manera, el piso más alto tiene las paredes que necesita para sostenerse. En cada piso inferior se añade un grosor extra para soportar el peso de los pisos superiores.

Por otra parte, se alivia la carga de trabajo de tener que subir piedras y mortero a medida que van creciendo las paredes.

 

En la construcción con marés, está tipificado la utilización de los distintos grosores para las distintas alturas:Gruix d'emperador para el primer piso, etc...

 

Si analizamos los centros de gravedad de las distintas paredes superpuestas, rápidamente veremos que no están alineados: Los muros contienen más material en el lado exterior.

La consecuencia lógica de este desequilibrio es una tendencia a la rotación del muro.

Los constructores góticos naturalmente eran muy conscientes de este problema, y desarrollaron varias técnicas para solucionarlo:

1) El cimiento se hacía más ancho en el lado de fuera, a fín de que estuviera centrado con el centro de gravedad real de la totalidad del muro.

2) Para reducir el desequilibrio, la fachada exterior no era totalmente plana, sino que cada piso estaba ligeramente retranqueado , lo que provocaba un problema estético...

...resuelto habilmente con la colocación de molduras, que camuflaban completamente esta falta de planimetría.

 

 

 

Aún así, los muros se han seguido inclinando, por lo que debe de haber más culpables.

El primer sospechoso son las vigas inclinadas del último piso, tambien descargando empuje hacia el muro más bajo, que casualmente es el menos indicado para soportar empujes laterales, ya que es el mas delgado...

 

 

El segundo es el menos visible: el agua. En períodos en los que la casa ha estado abandonada o falta de mantenimiento ( guerras, problemas económicos, ausencias...) una gotera permite al agua de lluvia mojar la pared por el único punto en donde no está protegida por el cemento hidráulico de la fachada: por arriba.

 

 

El tercero es más invisible aún: el agua de lluvia que baña la calle y se cuela entre los adoquines, provocando un asiento en el lado exterior del muro. Este problema no era tan grave en época medieval, ya que la humedad se podía ventilar entre las juntas. En cambio, con el moderno asfaltado de las calles, la humedad tiene muchas dificultades para evaporarse, y por tanto busca otras vias de salida: ascendiendo por capilaridad por los muros.

Ver página correspondiente.

 

 

Cuando la inclinación resulta preocupante, los maestros de obra utilizan un nuevo elemento arquitectónico: las rafas.

Ver página correspondiente


 

 

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