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(http:www.architecthum.edu.mx/
Texto :
Dra. Arq. María Elena Hernández Alvarez)
El
mundo no se terminó en el año mil, como había predestinado
el mundo cristiano de la europa occidental; el hombre
entonces más que nunca anheló una religión ya no con
un Dios justiciero y aterrorizante sino con un Padre
omnipotente e infinitamente misericordioso. La arquitectura
posmilenarista fue fiel discurso de este pensamiento,
el edificio románico llegó a su agotamiento conceptual
en donde sus excesos y pesantez no expresaron ya el
alma del crsitianismo de los albores del segundo mileno.
San Bernardo de Claraval y el astuto Abad Suger, a quienes
se les atribuye principalmente la paternidad conceptual
del gótico, comprendieron bien su tiempo y concibieron
el espacio religioso como aquel en el cual el hombre
huyese de lo terrenal para estar "enseguida" en el espacio
de Dios, en la nueva ciudad celeste de la tierra.
Antes
de continuar, cabe aclarar que este breve ensayo
no se ocupa en definir el contexto o antecedentes
sociohistóricos en los que surge el edificio gótico,
tema por más inagotable, baste señalar que las
catedrales góticas de tal manera expresaron el
alma colectiva y los anhelos de la sociedad de
sus tiempos que en menos de ciento cincuenta años,
el sembrado de edificios góticos ocupó buena parte
del territoio europeo occidental; se dice que
más piedras se movieron en esos tiempos que en
los largos siglos de las dinastías egipcias.
La catedral gótica fue ocupación de la comunidad
entera de los hombres y mujeres que vivieron los
siglos XII, XIII, XIV y parte del XV de nuestra
era; toda actividad comunitaria estaba de una
u otra manera, relacionada con la Catedral. En
los espacios del edificio gótico sucedía todo:
oficios religiosos, entierros, asambleas políticas
bajo la presidencia del obispo, discusiones acerca
del precio del grano o del ganado, cotización
de los paños, etcétera. A la catedral se acudía
en busca de consuelo, consejo o perdón; en sus
espacios se bendecía la nueva empresa o trabajo,
se realizaba la tradicional kermesse, la fiesta
de los locos con su carro del triunfo de Baco,
o la reunión de los alquimistas todas las semanas,
el día de Saturno (1). La catedral es la ciudad
dentro de la ciudad, el núcleo intelectual y moral
de la colectividad, el corazón de la actividad
pública, la apoteosis del pensamiento, del saber
y del arte. Se acepta por todo esto que la catedral
gótica fue una de las tres obras enciclopédicas
que produjo la humanidad hasta el renacimiento:
la Suma Teológica de Santo Tomás, La Divina Comedia
de Dante y La Catedral Gótica. |
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II
Sugerimos
un giro que nos acerca a la comprensión de la idea "poética
espacial" en el edificio gótico. Dice Platón que todas
las artes y los oficios son en esencia poesía; así,
hagamos una analogía entre la arquitectura y la poesía
llamando poema al edificio construido, poeta al arquitecto
y Poesía a lo que en sí es Arquitectura. La arquitectura
es poesía experiencial que exige para su comprensión
que su contemplador o habitador se entregue fenomenológicamente
a ella. Escuchemos un poco más de esta idea en la voz
de Ortega y Gasset:
Yo
soy un hombre español, es decir, un hombre sin imaginación....El
arte español, es realista...el pensamiento español,
es realista...La poesía española, la épica castiza,
se atiene a la realidad histórica...soy un hombre
que quiere ante todo ver y tocar las cosas y que no
se place imaginándolas: soy un hombre sin imaginación.
Y lo peor es que el otro día entré en una Catedral
Gótica...Yo no sabía que dentro de una Catedral Gótica
habita siempre un torbellino; ello es que apenas puse
el pie en el interior fui arrebatado de mi propia
pesantez sobre la tierra...Y todo esto vino sobre
mí rapidísimamente. Puedo dar un detalle más común
a aquella algarabía, a aquel pandemónium movilizado,
a aquella realidad semoviente y agresiva... [y ya
fuera de la catedral, se sentó a contemplarla a ya
recordar lo que había vivido dentro de ella]-había
mirado hacia arriba, allá, a lo altísimo, curioso
de conocer el acontecimiento supremo que me era anunciado,
y había visto los nervios de los pilares lanzarse
hacia lo sublime con una decisión de suicidas, y en
el camino trabarse con otros, atravesarlos, enlazarlos
y continuar más allá sin reposo, sin miramiento, arriba,
arriba, sin acabar nunca de concretarse; arriba, arriba,
hasta perderse en una confusión última que se parecería
a una nada donde se hallara fermentando todo. A esto
atribuyo haber perdido la serenidad. (2)
En
el espacio gótico se vive la inmensidad experiencia
que no se entiende con la razón pero que es comprensible
por la intuición. Según Bachelard, la inmensidad es
una categoría del ensueño el cual, por inclinación innata,
puede contemplar la grandeza determinando un estado
del alma que pone al ensoñador fuera del mundo próximo,
ante un mundo que lleva el signo del infinito, de Dios.
El mundo es grande, pero en nosotros es profundo como
el mar (3). La inmensidad está en nosotros, no circunscrita
en la esfera de lo cognitivo pero abarcándola también,
adherida a una especie de expansión del ser que, desafortunadamente,la
cotidianeidad de la vida y la prudencia reprimen.
La
inmensidad es el movimiento del hombre inmóvil. Y es
éste territorio interior en el que verdaderamente se
llega a comprender el verdadero significado de, por
ejemplo, la inmensidad del océano, de un bosque o de
una Catedral Gótica. Toda esa inmensidad, ese infinito
cabe en nuestra alma; por las puertas de la Poesía nos
apropiamos de un instante eterno. Pierre Albert-Birot
dice al respecto: ..."Y me hago de un plumazo, dueño
del mundo, hombre ilimitado."(4) La inmensidad del
bosque, por ejemplo, la entendemos cuando hablamos de
su espacio infinitamente prolongado mas allá del velo
de sus troncos y de sus hojas, espacio velado para los
ojos, pero transparente a la visión, bosque sagrado,
inmediatamente sagrado. La inmensidad íntima gótica
se comprende cuando el alma se apropia de su espacio
y se deja envolver intuitivamente por él. El poema opera
en su contemplador y borra fronteras físicotemporales
para, en términos bachelardianos, permitir que la pluma
del escritor pertenezca en ese instante al lector.
La
inmensidad es un tema poético inagotable. Para Baudelaire
la inmensidad es una conquista de la intimidad:
...
la inmensidad es una dimensión íntima, es una de esas
impresiones felices que casi todos los hombres imaginativos
han conocido gracias a los sueños, mientras dormían.,
es sentirse liberado de los lazos de la gravedad,
preso de una amplia luz difusa...en la inmensidad,
sin más decorado que ella misma. (5)
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La
grandeza progresa en el mundo a medida que la
intimidad se profundiza. Cuando el hombre vive
la inmensidad en su intimidad entonces se ve liberado
de sus preocupaciones, de sus pensamientos y ya
no es prisionero de su propio ser y se apropia
entonces de una totalidad; la intimidad es:
...
el rincón de la inmanencia subjetiva, es el
fuero en el que cada yo singular, único e irrepetible
se protege, secreto, para sí. La intimidad es
como el lado oculto de la luna, es invisible
desde fuera, la intimidad, desde la exterioridad,
es apenas una sospecha, misteriosa pero fascinante.
Se esconde en el fondo de la vida interior sin
embargo es transparente, en ella habita el alma
y es puente y vínculo con la eternidad. Lo íntimo
es todo aquello que le acontece a un individuo
que lo vive como algo profundo, que le atañe,
lo marca, le incide, le importa, lo compromete,
le concierne. Lo íntimo es un tesoro escondido.
Lo íntimo jamás es indiferente, sino por el
contrario, se padece o se goza intensamente,
en secreto. Lo íntimo se acurruca en el espacio
de un nido protector . La intimidad es arquitectura
imaginaria en la que cabe la totalidad. Es el
oído que escucha las resonancias universales.
Es el punto vital en que se recibe la exterioridad
exterior, transmutada en exterioridad vivida,
para ser interioridad recogida. En la intimidad
es en donde se siente la más sublime desmesura,
y el absoluto despojamiento del que puede fluir
la eternidad En lo íntimo se gana la más pura
pobreza de espíritu, el desierto interior. En
la intimidad está la vibración cósmica eterna,
en cuyo aletear se sostiene anonadada el alma,
suspendida, temblando al unísono en la armonía
universal. (6)
En
la intimidad se genera el primer plano del trasfondo
de una obra de arte, ese primer plano que roba
una chispa de vida a la eternidad, una gota que
será manantial, que recorre los estratos de un
trasfondo y emerge en esta realidad geotemporal
como lo que quiere ser llevándose también en este
recorrido ello a nuestra alma. Así emergió el
edificio gótico, desde los territorios de la intimidad.
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III
La
Catedral Gótica fue la "casa universal"; toda la actividad
de la comunidad de sus tiempos estuvo relacionada con
ella, según Bachelard, frente a la hostilidad, frente
a las formas animales de la tempestad, los valores de
protección y de resistencia de la casa se trasponen
en valores humanos. La casa es un instrumento para enfrentar
al cosmos. En la casa habita el hombre, lo remodela,
lo protege o también lo agrede. En ella el hombre gesta
sus neurosis y sus amores; la casa es para él refugio
y fortaleza; es espacio de consuelo y de intimidad.
La casa es, literalmente, la madre; y como ella, la
casa abre sus brazos, protege y resiste la tempestad:
...La
casa, ante la tempestad, se estrechó contra mí como
una loba, y por momentos sentía su aroma descender
maternalmente hasta mi corazón, aquella noche fue
verdaderamente mi madre. Sólo la tuve a ella para
guardarme y sostenerme, estábamos solos.(7)
La
Catedral Gótica es una gran casa universal en
la que todos los hijos de Dios son acogidos, protegidos,
restaurados y conducidos hacia un mismo fin, es
su baluarte de valor mediante el cual aprenderá
a vencer el miedo. Esta casa universal, por lo
tanto, cumple una importante función educadora.
Frente al mundo, la casa adquiere las energías
físicas y morales de una madre amorosa, acogedora,
fuerte, es decir de una matriz; la Catedral Gótica
cumple con esta función colectivamente.
En
su exhuberante lenguaje, toda palabra de espacio
y piedra contribuye a esta función; así por ejemplo,
las gárgolas monstruosas, estratégicamente ubicadas
en las esquinas de la catedral, eran simbólicamiente
los soldados defensores protectores de la misma
casa gótica que atacaban y que a la vez defendían
del mal al espacio interior de la catedral; también
la catedral es el guardián secular del patrimonio
ancestral.
La
casa gótica en su inmensidad íntima, en su función
educadora y protectora tiene también a todo el
cielo por terraza. Desde ella se llegará a la
dulce promesa de la vida eterna, en ella el hombre
nunca envejecerá porque en ella siempre se es
hijo. La catedral es el refugio hospitalario de
todos los infortunios, es por lo tanto La Casa
Universal, la madre que acoge, protege, alegra,
consuela a todos los hijos cristianos y aún los
paganos (8).
Es
el espacio católico, es decir universal, por excelencia;
católicos y no católicos, son bienvenidos para
formar teóricamente una sola familia (9).
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IV
Dice
Baudelaire que todas las artes se corresponden y que
todo color, brillo o sonido son palabras de un mismo
lenguaje común. Para comprender al edificio gótico,
y en general a la arquitectura, como poema espacial
sugerimos considerar cada uno de sus elementos compositivos
como "palabras de espacio, luz o piedra" que escriben
en perfecta armonía el todo y lo particular (10) el
edificio gótico. A continuación tomamos algunas de estas
palabras-elementos.
El
primer elemento a destacar es la luz (11). El abad de
Saint Denis, Suger, siempre se fascinó por el intrincado
simbolismo de la luz el cual identifica con la metafísica
neoplatónica que Dionisio, el Areopagita, había impregnado
en la teología cristiana de los primeros siglos. Dionisio
fue particularmente influenciado por el evangelio de
San Juan. En las catedrales góticas los vitrales de
cristal esmaltado, sólamente resplandecían bajo la luz
directa del sol engendrando así una nueva iluminación
cromática maravillosa, la lux nova, término con el que
Suger se refería a Cristo. La interpretación de la luz
como símbolo de Dios permanecería viva, gracias también
a San Agustín, por más de un milenio. Por otro lado,
Dionisio había impresionado fuertemente a Suger quien
trataría de materializar una teología dionisiana en
Saint Denis. Este nuevo énfasis en la luz es lo que
distingue principalmente, formal y teológicamente, a
la Arquitectura gótica de su antecesora románica. La
luz que penetra el espacio gótico no era una luz corriente,
agradable o únicamente funcional sino que estaba totalmente
referida a la "Nueva Jerusalén":
Y
yo vi la ciudad sagrada, nueva Jerusalén, bajando
del cielo desde Dios...teniendo a la gloria de Dios:
Su luz era como la de la piedra más preciosa, como
si fuera una piedra de jaspe.(12)
Otro
elemento simbólico esencial en el edificio gótico es
la dimensión sin precedente de la altura de sus espacios.
En lenguaje plástico y espacial, las catedrales son
la figuración simbólica y la equivalencia aritmética
de la Escritura (13). La catedral gótica es la proyección
de un sueño de perfección moral (14), ciudadela del
Bien erizada de torres, sitiada por las fuerzas del
mal pero desafiándolas inexpulgablemente, altiva, inaccesible
a todo lo que se arrastra por el suelo, siempre buscando
la ascensión a los cielos. Las catedrales góticas emplean
todos los recursos tecnológicos para alcanzar la mayor
altura posible, para tocar simbólicamente al cielo.
La
Catedral Gótica es también una "caja de resonancia".
Siete veces al día, desde las primeras luces del
alba hasta la caída de las tinieblas y una vez
en medio de la noche, la comunidad se reunía en
la catedral para la oración proferida a plena
voz; una oración comunitaria que se fundía maravillosamente
en los elevadísimos espacios góticos. La Catedral
Gótica es la caja de resonancia que traslada la
voz comunitaria a los espacios angelicales. El
soporte musical sirve para recordar las armonías
cósmicas, es decir, la razón de Dios, a las palabras
de los hombres y confundirlas con las palabras
de lo ángeles, cuyo coro llena la ciudad celeste.
En
cuanto a su disposición en planta, los ejes compositivos
tenían sus reglas muy definidas, resultado del
simbolismo al que debían corresponder. La "perfecta"
ratio 1:2 de San Agustín controla el alzado y
la planta. De esta manera las relaciones entre
la longitud total de la Iglesia con la anchura
del transepto, la anchura del transepto con su
longitud, la anchura de las naves laterales con
la central, deben corresponder a la mencionada
regla agustiniana. Partiendo del mismo concepto,
las crujías de las naves laterales son de igual
longitud y altura. La forma tradicional basilical
de la planta había pasado en el románico a la
forma cruciforme. Esta forma, simbólicamente fue
continuada.
La
orientación de las catedrales es siempre al Levante,
es decir, al punto en el oriente en el que se
disipan las tinieblas al amanecer, de la misma
manera que Cristo nos ilumina después de las tinieblas.
El poniente hacía resplandecer maravillosamente,
como piedras de jaspe, a los vitrales dando con
esto una esperanza al fiel que se prepara para
la próxima entrada a las tinieblas. La orientación
permitió el manejo simbólico de la luz y los vitrales
se encargaron de llenar de belleza al luminoso
mensaje. Las formas circulares de las bóvedas
góticas al unirse a los elevadísimos muros hablan
el lenguaje que San Bernardo quería comunicar:
elevarnos desde los fondos de la tierra hasta
la redondez infinita celestial.
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V
La Catedral Gótica es un perfecto poema sinfónico en
el que nada sobra y nada falta, que eleva hacia el cielo
sonidos, brillos y colores y anhelos en la armónica
simbología de sus torres. Su lenguaje plástico formal
es la metáfora de un ser humano arrodillado con las
manos hacia el cielo, implorando a Dios. Y dentro de
ella, en su inmensa intimidad, como dentro de nosotros
mismos, está la Belleza y la respuesta al Bien y al
Mal. Las altísimas torres góticas y las "celestes" bóvedas
nervadas imponentes actúan como gigantescos "super yo"
en la moral del hombre común. ¿Quién en esos tiempos
no se impactaría al entrar en una Catedral Gótica y
experienciar ese enciclopédico espacio? Sus pecados,
sus culpas y sus instintos actuaban como eficaces perseguidores
que conmovían o aterrorizaban al hombre. Este pequeñísimo
ser humano buscaría entonces al cordero de Dios para
borrar los pecados de este mundo:Agnus Dei qui tollis
pecata mundi. Los enormes vitrales eran para el hombre
ventanas a la eternidad, esperanza de que no todo se
había perdido por culpa del pecado origina; la bellísima
luz del rosetón gótico ilumina el alma conmovida y allá,
en las alturas, un Dios indulgente mira compasiva y
dulcemente al hombre arrodillado con las manos en alto
-como las torres de la catedral- pidiendo clemencia.
Notas:
(1) Fulcanelli,
El Misterio de las Catedrales, p.47.
(2) Ortega y Gasset, J., La deshumanización del arte,
pp., 101 a 103
(3) Bachelard, La poética del espacio, FCE, México,
p. 220
(4) ibid., p. 222
(5) ibid., p. 232.
(6) Lapoujade, María Noella, Conferencia Magistral en
el coloquio Espacios Imaginarios, UNAM, 1998
(7) Bachelard, G, op.cit., p. 77
(8) El enemigo de la catedral y de la Iglesia católica
misma, no eran los paganos, de hecho, están presentes
en la catedral numerosos testimonios paganos. El verdadero
enemigo de la Catedral Gótica y del catolicismo en sí
eran las acechanzas del demonio; contra ellas estarán
encaminadas todas las luchas del papa. Las mismas gárgolas
son un espejo de esto. La Inquisición, en años posteriores
será una poderosa herramienta de exterminio para todo
aquello que fuese considerado herejía. Los paganos no
representaban para la Iglesia igual peligro y en la
mayoría de los casos eran considerados como católicos
aún no conversos.
(9) Es interesante la altiva fantasía de los constructores
que decidieron construir la catedral de Notre Dame de
París; en sus 5 955 m2 construidos pueden estar nueve
mil fieles. Milán tiene 11 300 m2, que albergarían de
sobra a toda la población de su tiempo. Y todo esto
nos habla de que en efecto, la catedral era la Casa
de todos.
(10) Recordemos que el arte medieval es un arte de símbolos
que corresponde con la necesidad de la Iglesia de construir
un lenguaje cohesionador enciclopédico.
(11) Paradójicamente, la luz es la "no piedra", lo más
ligero, transparente y luminoso.
(12) Spiro Kostof, Historia de la Arquitectura, pag.
577.
(13) Duby, G., San Bernardo y el arte disterciense,
FCE, México, p 81.
(14) ibid. pag. 83
Notas:
Este
artículo, algo denso para la media de trabajos
externos seleccionados, es un ejemplo de un tipo de
escritura "de intelectual-a-intelectual".
Las ideas están ahí, pero el lenguaje
es complicado, precisa de conocimientos previos que
la media de interesados puede no tener. Sin embargo,
la forma no consigue evitar el filtrado del contenido:
un poco como la catedral gótica, cuyo mensaje
no está al alcance de todos pero que a todos
deja claro que tiene algo que decir.
El
argumento "clásico" que explica el
diseño de la catedral gótica en base a
una intención espiritual: llegar a Dios, caja
de resonancia, orientación este-oeste, luz, etc...
puede que sea correcto. Tambien puede que sea la típica
explicación del intelectual que encuentra argumentos
que el autor de la obra nunca manejó.Ya hemos
visto en simbología cristiana todo un encaje
de conceptos teológicos que probablemente nunca
pasaron por la mente de sus autores, pero que resultan
coherentes para los estudiosos. Un cantero puede trabajar
a este nivel, pero nunca deja de tener presente el hecho
constructivo: el supuesto efecto espiritual o mensaje
oculto en la piedra no es tanto el resultado de un puro
mensaje teológico sino el resultado de una obra
de artistas, que primero crean y luego encuentran los
argumentos que explican su creación.
El
error viene al desconocer el modo en que se construye
en el medievo: el maestro de obra no es un arquitecto
moderno en el sentido de autor casi total de una obra
que no permite libertad creativa a los trabajadores.
El cantero medieval es un artísta que recibe
unas instrucciones generales necesarias para que su
trabajo encaje con el de los demás ( medidas,
proporciones, ángulos...) pero con margen suficiente
como para crear una obra personalizada que ni él
mismo ni el maestro de obra saben "a priori"como
va a ser.
La
supuesta genialidad de Gaudí no solo reside en
su poder creativo, sino en la libertad que dá
a sus artesanos, especialmente en el trabajo de forja,
y en recuperar el sistema medieval de diálogo
e intercambio de ideas entre maestro de obras y trabajadores-artistas
( canteros, carpinteros, vidrieros, fontaneros...) Es
decir, Gaudí no es un arquitecto en el sentido
moderno del término, sino un Maestro de obra
medieval, y por tanto, catalizador y coordinador de
un trabajo en equipo.
Ver
Mudhif
Ver:¿
el gótico nace en Sicilia?
Ver simbología cristiana:
Ricardo de Cremona
Ver Gaudí
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